Orígenes de La Librea

Los orígenes de La Librea del Valle de Guerra presumiblemente se remonten a 1615, coincidiendo con la fundación de la ermita para una doble advocación: la del Santo y Dulce Nombre de Jesús y de la Virgen del Rosario, a propuesta del matrimonio formado por doña Inés de Castilla y don García Fernández de Valcárcel.

La Librea surge como celebración festera para exaltar a la Virgen del Rosario y a los canarios que al mando del Capitán Francisco Díaz Pimienta combatieron en La Batalla de Lepanto, de la que volvieron victoriosos por mediación de la Santísima Virgen -según la tradición-.

El mencionado matrimonio solicitó a las autoridades eclesiásticas la creación de la ermita junto a su casa edificada en 1612 en el lugar llamado La Sepultura – en los terrenos que actualmente ocupa el Centro Ciudadano del Valle de Guerra-, con la sana intención de dar cobertura litúrgica a la gran cantidad de trabajadores que provenientes de diferentes lugares de la isla de Tenerife acudían a trabajar al Valle de Guerra en los períodos de poda y vendimia de la vid, cultivo predominante en aquellos tiempos en el mencionado Valle, desde cuyo puerto en La Barranquera se embarcaban los magníficos caldos que se exportaron al extranjero, especialmente a Inglaterra, desde donde el ilustre William Shakespeare alababa las virtudes de este exquisito manjar en sus obras literarias.

La advocación del Santo y Dulce Nombre de Jesús fue quedando en el olvido, posiblemente por la predominancia que iba tomando la advocación a la Virgen del Rosario con su Librea; lo cual no resulta extraño si tenemos en cuenta que, tras la mencionada advocación se encontraba la Orden de Predicadores, vinculada intrínsecamente al Rosario desde su fundación por Santo Domingo de Guzmán, y que en La Laguna personalizaba la figura de Alonso de Lugo, fraile dominico de altísima estima y confianza para Doña Inés de Castilla.

En aquellos comienzos del siglo XVII, La Librea se celebraba a modo y semejanza de las festejadas en el invierno de 1572 en Sevilla para conmemorar la victoria cristiana frente a los turcos en Lepanto, y especialmente para exaltar a don Juan de Austria, hermano del Rey. Consistían estas celebraciones en desfiles de las milicias populares que escoltaban a la Virgen del Rosario en procesión a ritmo de tambor, y simulacros de la batalla naval en la que se derrotaba al turco y se exaltaba la figura de Juan de Austria como el Mesías, protegido por La Virgen para convertirse en triunfador.

Con el paso del tiempo se incorporaron a estas celebraciones con Librea costumbres provenientes de oriente, como las Pandorgas – desfiles nocturnos de figuras de papel de seda de múltiples colores que se iluminan en su interior con una vela-, fruto de las influencias de las libreas que anteriormente habíamos exportado a México y Filipinas, y que con su retorno aportan características peculiares de aquellas culturas para mayor vistosidad de las nuestras, y que son motivo de un futuro trabajo de quien suscribe.

Posiblemente llevadas por los campesinos que acudían al Valle desde otros lugares de Tenerife a trabajar en las temporadas de la viña, Las Libreas con desfiles de barcos fueron incorporadas a otros núcleos poblacionales de Tenerife y de otras islas del archipiélago. Así hemos localizado libreas con desfiles de barcos en Punta del Hidalgo, Bajamar, Tejina, Tegueste, San Benito, San Miguel de Geneto, Santa María de Gracia, Buenavista, Los Silos, Garachico, Lanzarote, Fuerteventura…

La exportación de nuestra Librea al Nuevo Mundo se debió producir simultáneamente a la acontecida en los otros núcleos locales, a bordo de los galeones de la Flota de Indias, comandada por Francisco Díaz Pimienta -hijo del Capitán de mismo nombre combatiente en Lepanto-, quien siendo todavía un niño se crió en Garachico en casa de unos tíos cuando el puerto principal de la isla de Tenerife se encontraba en aquel lugar, y al que llegaban marineros y pasajeros pregonando las fantásticas y heroicas historias desempeñadas por los milicianos canarios en Lepanto, al mando del padre de aquel chiquillo que iba asimilando cuanto oía, para forjarse una personalidad aventurera, atraído por las armas, muy alejada de los deseos paternos de que tuviese una dedicación eclesiástica.

Junto al transporte de mercancías entre España, Canarias, México y Filipinas, a bordo de la Flota de Galeones, se divulgó también la predicación cristiana utilizando el mismo medio de transporte de la mano de la Orden de Predicadores, quienes no sólo divulgaron la fe sino también las celebraciones a la Virgen del Rosario, considerada Patrona de la Mar hasta 1901, bajo cuya protección navegaban transportando una imagen donada por el propio Juan de Austria. Con cada partida se producía el embarque de la mencionada imagen precedida de un traslado cívico, y la escena se repetía con el retorno de la flota a puerto y el posterior desembarco de la imagen. Estas escenas están recogidas en La Librea del Valle de Guerra y se manifiestan en el ritual de la Escuadra de honores.

En la actualidad en Canarias se celebran Libreas en Barlovento –en la isla de La Palma-, y de Tegueste, El Palmar, La Guancha y el Valle de Guerra en Tenerife. Pero sólo las Libreas de Barlovento, La Guancha (incipiente) y el Valle de Guerra están inspiradas en La Batalla de Lepanto.

La Librea del Valle de Guerra se ha celebrado de manera casi ininterrumpida desde 1615 hasta 1971 siguiendo la estructura primitiva de desfiles de barcos y milicia popular a ritmo de tambor, la pandorga, loas y diálogos entre el turco y el cristiano, rezos del Rosario y exhibiciones pirotécnicas.

En el año 1982 el acto logró un importante impulso al ponerse en escena por primera vez el Auto “Libreas del Rosario” que este autor escribiera en 1975, en el que los personajes de la historia relatan los acontecimientos que precedieron a la formación de La Liga Santa, y el combate naval con la conocida victoria de la cristiandad.

En 1998 se produce la primera intervención de la Banda de Música Nuestra Señora de Lourdes y de la coral Vox Nobis (hoy llamada Canticorum) en la representación del Auto, quienes desde entonces se han constituido en la verdadera banda sonora de la representación con su intervención en vivo y en directo, logrando realzar la espectacularidad del acto.

En el año 2000 se logra otro impulso de calidad a La Librea, al revitalizarse la Escuadra de honores de La Virgen, recreando el traslado cívico de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, a semejanza de lo acontecido en Cádiz con cada partida y retorno de la Flota de Galeones de Indias.

El Gobierno de Canarias declaró La Librea Bien de Interés Cultural (BIC), a propuesta del Cabildo de Tenerife en 2007.

En 2010 el Auto “Libreas del Rosario” se representa sobre la versión íntegra del texto original por primera vez, siguiendo las directrices del Dictamen formalizado para proteger los Valores Patrimoniales Esenciales de La Librea del Valle de Guerra, aplicables a la declaración BIC de ésta, ya que en las 27 ediciones anteriores de La Librea, los textos utilizados en la representación del Auto fueron adaptaciones de la obra original, motivadas por circunstancias organizativas de carácter puntual unas veces, y arbitrarias otras, que escapaban a los deseos del autor y no se acogían a la posterior declaración BIC.

Son muchas las referencias encontradas sobre La Librea del Valle de Guerra en la radio y en la televisión, en la prensa de papel y de internet; las que hace María Victoria Hernández en la publicación “La Batalla de Lepanto. Moros y Cristianos en Barlovento, La Palma” (1997); la de María Ángeles Sánchez en “Fiestas Populares. España Día a Día” (1998); las reseñas de Manuel Hernández González en “Tradiciones de Tegueste. La Librea, Los Barcos y La Danza de Las Flores” (1999); y de manera especialmente destacada, la publicación de Aleth González Cairós en el libro “La Librea, Valle de Guerra. Un estudio antropológico sobre el teatro popular canario” ( 1997), y el libro en forma de relato corto “Librea de Lepanto: una aproximación a la gesta histórica a través de los relatos de La Librea de Valle de Guerra” (2001), de un servidor, entre otras.

El Párroco de la Iglesia Matriz de Ntra. Sra. de la Concepción de La Laguna, y predicador, don Santiago Beyro, relató así en la publicación Gente Nueva de 1901 su vivencia de La Librea del Valle de Guerra, con motivo de su predicación en la misa de aquel día:

… Desde la víspera de la fiesta no cesan los chicos de repicar la campana de la ermita; se suceden los unos á los otros; el sonido del bronce sagrado se mezcla con el rasgueo de las guitarras, con los sencillos cantares y los nutridos ajijides, y los gritos de júbilo y las risas y el alborozo que reina en los ventorrillos formados en derredor del santuario.

A las oraciones la cena; después todos visten sus mejores trajes, y á la plaza á dar vueltas y revueltas en contorno del templo, hablando unos,
cantando los más, y los que tienen la suerte de recabar un tocador de guitarra ú de bandurria llevan tras si un pelotón, turnando cada uno de los
acompañantes para cantar la malagueña —pero no al estilo de Málaga— y los que no tienen guitarra, ni bandurria, cantan y bailan al son de un pandero ó de un acordeón ó batiendo simplemente á compás las palmas de las manos. Forman una algazara tal que, el que como yo estuviera enfermo
de la laringe, tiene que hablar por señas como los mudos: no hay voz, por más estentórea que sea, capaz de dominar tan estruendosa vocería.

A las nueve de la noche todas las miradas se fijan en unos puntos luminosos que poco á poco desde allá abajo se van acercando á la ermita. La gente se agolpa á los muros y á la entrada de la plaza para ver la librea. Esto es lo más que agrada á los sencillos campesinos. El Capitán, el que representa al célebre D. Juan de Austria que en el golfo de Lepanto y por la protección de la Virgen venció á las poderosas naves de Selim II, Capitán, que siempre lo finge por voto que hizo á su Patrona en horas de angustia un honrado vecino del Valle de Guerra, pide prestado un uniforme completo que viste seriamente y con orgullo, y marcha en actitud grave con la espada desenvainada, seguido de todos los soldados del pueblo, armas al hombro, que piden licencia para regresar de la Capital en este día. Va la compañía precedida de varios mozos con hachones de tea encendidos, de una turba de chicuelos que saltan y silban incesantemente y del indispensable tambor batiente á cuyo acompasado redoble marchan el improvisado Capitán y su tropa, y en pos de ellos dos grandes carretas tiradas por bueyes sobre las que con maderos han formado previamente dos toscos barcos que van llenos de banderas y tripulados por todo el que puede subir á su casco y velamen, é iluminados también por hachones de tea. Dentro y fuera de los barcos ensordecen los continuos ajijides. Todos, todos y la librea dan tres vueltas en la plaza en contorno del tena pío; después el Capitán sin su séquito penetra en el sagrado recinto con suma compostura, se arrodilla y ora ante el trono de la devota imagen y luego solicita del Párroco licencia para entrar allí con los soldados. Esto lo hace de rodillas y después de besar con el mayor respeto la mano del sacerdote. Acto seguido entra la tropa con su Capitán á la cabeza, precedida del tambor, y desde que se oye redoblar dentro del santuario, se arrodilla el piadoso gentío, que lo llena completamente; lo mismo hacen los soldados al llegar al altar, y rezan todos con laudable devoción. Es un espectáculo á primera vista baladí, pero mirado de cerca tiene algo sui generis que mejor se siente que se describe, un no sé qué de patriarcal, de primitivo y de poético, que me ha conmovido hondamente en los cinco años consecutivos que lo he venido presenciando cura o Ecónomo de la importante parroquia Matriz de la Laguna, en cuya demarcación está situado el Valle de Guerra.

Seguidamente se comienza con solemnidad el Santo Rosario y sale la procesión.,.. Todos, todos los jóvenes se disputan ansiosamente el honor de llevar en hombros la graciosa imagen de la Virgen Santísima que ostenta rico traje de raso blanco y manto de terciopelo carmesí bordados artísticamente, llevando la sagrada efigie en la diestra mano un magnífico rosario de gruesas cuentas de oro y en la siniestra al Niño Jesús vestido con exquisito gusto y coronado con una diadema del mismo precioso metal, cuajada de esmeraldas que creo no exista otra más linda en todo Tenerife…

… La noche serena, apacible, verdaderamente tropical. Una apiñada muchedumbre que llena la vasta plaza; cincuenta ó setenta fieles de ambos sexos que por voto van de rodillas detrás de la procesión con velas encendidas desafiando los baches y los guijarros y llevando en sus bracitos al bebé querido por cuya salud se hizo la promesa; el Capitán y sus subalternos, los barcos y sus tripulantes, todos descubierta la cabeza y rezando conmigo el Rosario, sin que ninguno deje de rezar ni de amar a su Patrona que les parece la imagen más bonita y de más mérito del mundo. No la cambiarán seguramente ni por una Virgen de Murillo, o de Rafael de Urbino, ni por la estatua de Nuestra Señora de la Piedad de Miguel Ángel, Il sommo artista… Y las guitarras mudas y los acordeones, pitos y panderetas silenciosos, oyéndose tan sólo el sentido rumor de las plegarias que parece aleteo de ángeles invisibles que vuelan recogiendo oraciones para llevarlas al cielo. ¡Cuántas veces por la emoción la voz se ha anudado en mi garganta y al entrar en el templo no he podido menos de subir al púlpito y manifestar desde allí con lágrimas en los ojos, mi gozo y el consuelo que aquellos piadosos fieles me habían proporcionado con su compostura y su acendrada fe!...

…Terminados los sagrados cultos da principio la comedia, numero obligado de la mayor parte de las fiestas de nuestras aldeas. Frente a la ermita se forma un tabladillo á modo de palco escénico donde están y hablan los cristianos, á los que los moros contestan en mal romance desde la nave; todos abigarradamente. Es una tosca representación de la batalla de Lepanto que presencian con gran regocijo los habitantes del Valle de Guerra y que tiene por desenlace el que asaltan el castillo los musulmanes de mentirijillas y se abrazan con los cristianos de verdad en medio de cerradas descargas de fusilería y de frenéticos vivas á la Virgen del Rosario que está en su ermita en elegante trono lleno de flores y rodeado de multitud de cirios encendidos, recibiendo el espontáneo homenaje de veneración que le tributan miles de devotos suyos al cruzar de rodillas la sagrada nave llevando ex votos y otras piadosas ofrendas. Y continúa la fiesta hasta el amanecer con el disparo de innumerables cohetes, elevación de globos aerostáticos, gran derroche de caprichos de pirotecnia é innumerables parrandas, ó sean grupos de gente que cantan al son de mal templada vihuela...

Aunque algunos autores sitúan La Librea en el contexto de las luchas entre moros y cristianos tan difundidas por la España peninsular, yo me reafirmo en que La Librea es una fiesta de exaltación a los héroes de Lepanto y a la Virgen del Rosario que medió en la victoria, con naturaleza e identidad propia; nacida con motivo de este acontecimiento histórico tan particular, si bien tanto en aquellas luchas entre moros y cristianos como en La Librea del Valle de Guerra, se manifiestan las figuras de “El Bien” y “El Mal”, aspectos estos también reflejados en La Librea de El Palmar y en La Librea de Tegueste –cuyos orígenes son bien distintos-, las tres consideradas de indudable interés antropológico.

El sábado más próximo al día 7 de octubre - festividad de Nuestra Señora del Rosario-, el Valle de Guerra recibe hospitalariamente a quienes desde todos los lugares del Archipiélago Canario se desplazan a contemplar una de las dos únicas recreaciones que aún hoy se conservan en Canarias de La Batalla de Lepanto.
 

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