El auto sacramental

 

El Auto histórico-legendario de La Librea del Valle de Guerra ofrece la grandiosidad del elemento ornamental, la fusión perfecta de ideología, drama, poesía, escenografía y teología, y el empleo recurrente y persistente de la alegoría. 

La consideración que durante muchísimos años se tuvo de que La Librea se encuadraba en las fiestas de moros y cristianos, a semejanza de las que se celebran en la amplia geografía peninsular, hoy ya no se sostiene, a tenor de las aportaciones que la abundante documentación estudiada me ha ofrecido. Por el contrario, me reafirmo en que La Librea del Valle de Guerra es una fiesta de exaltación de un acontecimiento histórico concreto: La Batalla de Lepanto, y sus protagonistas son los canarios que en ella combatieron y la Virgen que los protegió en la consecución de la victoria.

Entre el conjunto de celebraciones que componen esta fiesta de exaltación, destaca la representación del Auto Sacramental “Libreas del Rosario” de éste que suscribe, sin que necesariamente en el Auto se encuentre presente el misterio de la eucaristía   – condición necesaria en los primeros tiempos de la aparición de este género -, reuniendo los elementos de la definición académica actual, por cuanto es una composición dramática de breves dimensiones, en la que interviene un personaje bíblico - María en su advocación del Rosario- y en cuyo loor se representa el auto; está presente Dios en la figura de Cristo, y se recurre a la alegoría frecuentemente.

Fue Tomás de Aquino quien puso las bases del género dramático auto sacramental al teatro europeo  - derivado del teatro grecolatino-, en el oficio divino de la festividad del Corpus Christi que serviría de inspiración a los grandes autores de los autos sacramentales, especialmente a Lope de Vega, Tirso de Molina y Pedro Calderón de la Barca, los cuales recogieron en sus obras la presencia de Cristo. De esta manera, el auto sacramental no es sólo folklore, ni sólo simbología, ni siquiera un simple espectáculo teatral, sino que es la conjunción de los tres elementos.

El gran hispanista Ludwig Pfandl ve en el auto sacramental un drama verdaderamente simbólico, en el que se presenta la vida alegórica del mundo y la naturaleza, los afectos y los sentimientos, la inteligencia, la voluntad  y la imaginación como potencia del alma; la historia religiosa y la profana, el pasado, el presente y el futuro se presenta como el conjunto de la iglesia purgante, militante y triunfante bajo la protección de aquellas ideas, juntando el universo y la humanidad en una gran parábola.

  Así la motivación de la Liga Santa la determina la fe en Cristo, encabezada por el propio Papa San Pío V, el Rey católico Felipe II y el cristianísimo Dux veneciano.

  La divinidad en La Librea del Valle de Guerra se manifiesta a través de la Virgen María (del Rosario), la cual aparece integrada en el marco escénico desempeñando su propio papel en el drama; a Ella se dirige el personaje de Juan de Austria para pedirle protección en la contienda y gratitud en la victoria; a Ella dirigen los soldados cristianos sus plegarias, y le agradecen su intercesión y protección en el suceso de la victoria, y a Ella también alaban los soldados turcos una vez convertidos, expresándole su admiración; todos reconocen y aceptan su divina protección.

    El hombre viene representado en la figura de Juan de Austria, quien porta las alegorías de la fe, el buen trabajo, la sabiduría, la esperanza, la caridad y la misericordia; es el héroe virtuoso, valiente y magnánimo.

  El diablo (el Mal) lo simboliza el personaje impío de Alí-Bajá, encarnación de la tiranía y la desmesura, la imprudencia, la soberbia, el insulto, el desprecio que derrochará durante toda la representación, hasta el momento de su agonía de muerte.

   “Libreas del Rosario” está encuadrado en la clasificación de auto histórico-legendario. El drama desarrolla un argumento histórico, con la descripción cronológica de los acontecimientos políticos en la Europa del siglo XVI, dominados por las guerras de religión, y que desencadenaron el suceso de la batalla frente al turco infiel, cuya lucha y feliz resultado fueron y siguen siendo materia de auténtica leyenda, dada la disparidad de fuerzas enfrentadas y que a priori eran desventajosas para quien finalmente acabó venciendo; leyenda que viene personalizada en la figura de Juan de Austria, considerado un Mesías, y en la alegoría de la Providencia representada en la Virgen María (del Rosario), sin cuya intercesión no se hubiese producido el resultado de la victoria, según cuenta la tradición.

 

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