La Orden de Predicadores, la Ermita y la Librea

 

Como he mencionado anteriormente, de la documentación estudiada deduzco que La Librea surge al mismo tiempo que la advocación del Rosario en el Valle de Guerra.

La creencia errónea de que la ermita del Rosario se fundó en 1720 quedó en mis planes de trabajo descartada desde un principio, al descubrir que esa fecha se corresponde con la entronización de la imagen que actualmente preside la iglesia parroquial, una obra del escultor lagunero José Rodríguez de la Oliva (1695-1771) -lo que sin duda condujo al error a varios investigadores-, ya que anteriormente a esta imagen había existido otra cuyo destino se desconoce, y que fue reemplazada por la actual.

La existencia del documento de dotación del oratorio particular de don Alonso Vázquez de Nava en 1604 en el Valle de Guerra, me llevó erróneamente a creer que aquel oratorio fue el edificio que posteriormente se convertiría en ermita; no fui el único, ya que historiadores de la categoría de Cioranescu también vieron en aquel oratorio el nacimiento de la ermita del Rosario. 

La aparición posterior de un documento, correspondiente al registro de un matrimonio celebrado en la ermita del Rosario del Valle de Guerra en 1628 reforzaba mi convicción de que el origen de la ermita se acercaba a los primeros años del mil seiscientos, posiblemente porque es la primera vez que en un documento aparecía la palabra “ermita”, pues en las referencias anteriores sólo se hablaba de “oratorio”. Sin embargo, incluso en la reiteración de mis confusiones, lo que sí me quedaba claro es que la ermita estaba construida casi cien años antes de lo que los historiadores habían dicho.

El despeje definitivo de la duda sobre el origen de la ermita me lo proporcionó don Carlos Rodríguez Morales en el trabajo publicado en el Anuario del Instituto de Estudios Canarios –2008-, correspondiente a la escritura de fundación de la ermita del Santo y Dulce Nombre de Jesús y de Nuestra Señora del Rosario en el Valle de Guerra. En este documento se cita la fecha 20 de marzo de 1615 como la correspondiente a la fundación de la ermita; pero además me proporcionó datos que me sirven para sostener mi hipótesis sobre la antigüedad de La Librea del Valle de Guerra.

En el documento de fundación de la ermita se recoge la solicitud de licencia que hace doña Inés de Castilla a la Autoridad Eclesiástica para construir una ermita en su propiedad del Valle de Guerra, argumentando que en todo aquel pago no había ermita ni oratorio –lo que hace presumir que la solicitud realizada a la autoridad eclesiástica por Alonso Vázquez de Nava en 1604 no prosperó, a pesar de que éste argumentaba que su oratorio ya estaba acabado y que lo que pretendía era que los vecinos oyeran misa los domingos y festivos junto a los de su casa-.

La sobrina de Alonso Vázquez de Nava, Inés de Castilla había proyectado junto a su marido el capitán García Fernández de Valcárcel en 1612, la construcción de una casa en las haciendas dadas a tributo y censo perpetuo por su madre María de Castilla, en el lugar conocido como la Sepultura –donde actualmente se encuentra el Centro Ciudadano-, junto a la que pretendían construir una ermita para que oyeran misa los campesinos llegados de todos los lugares de la isla en temporada de poda y vendimia de la vid, ya que se quedaban a descansar en el Valle los domingos y festivos durante estos períodos, no habiendo un lugar destinado para el culto. Los vecinos del Valle a principios del siglo XVII no superaban las 80 almas, y el número de campesinos desplazados al Valle por temporada ascendía a 300, lo que nos da una idea de la importancia de la edificación de la ermita.

En el mencionado trabajo de don Carlos Rodríguez Morales aparecen unos datos que me van a permitir reconstruir mi hipótesis de la mediación de la Orden de Predicadores en la celebración de Libreas a la Virgen del Rosario en el Valle de Guerra primero, en otras localidades de Tenerife y seguramente de toda Canarias y en el Nuevo Mundo después; siendo el hilo conductor el fraile dominico Alonso de Lugo, habida cuenta de que en mis estudios anteriores había quedado acreditada la significación de la Orden de Predicadores en la constitución de la Liga Santa, la advocación de la Virgen de Las Victorias y del Rosario, la evangelización del Nuevo Mundo y la celebración de fiestas de exaltación a la Virgen del Rosario en aquellos territorios en los que la mencionada Orden se establecía. Paralelamente aparecen dos figuras relevantes para el desarrollo de la trama: el Capitán palmero Díaz Pimienta -laureado combatiente  de Lepanto-, y su hijo de mismo nombre -Almirante de las Flotas y Armada Real de la Guarda de las Indias, a bordo de las cuales viajaron los dominicos que propagaron en aquellas tierras la advocación y culto del Rosario-. 

Efectivamente, la proximidad de doña Inés de Castilla a la Orden de predicadores la hemos detectado en varios acontecimientos en los que aparece la figura de Fray Alonso de Lugo; así vemos que este dominico intervino como testigo en la escritura de construcción de la casa de doña Inés en el Valle de Guerra en 1612, también fue testigo de las escrituras de contratación de las obras de construcción de unas escaleras y una chimenea en sus casas de La Laguna;  Fray Alonso de Lugo fue el administrador de los bienes de doña Inés de Castilla tras el fallecimiento de su hijo, durante la ausencia de su marido por encontrarse en Indias; fue así mismo el fraile dominico quien, comisionado por el visitador eclesiástico, inspeccionó y autorizó en 1615 la apertura de la ermita que había construido doña Inés en el Valle de Guerra.

Hay otros indicadores de los vínculos de doña Inés de Castilla con los dominicos: uno de los dos albañiles y canteros a los que recurrió Doña Inés para que le construyeran su casa y ermita en el valle de Guerra fue Pedro de Savallos, el mismo que concluyera la capilla mayor del convento de los frailes dominicos de La Laguna; sería además el constructor de la ermita del Tanque en Güimar en unos terrenos que pertenecieron al marido de Inés de Castilla; igualmente Savallos fue el constructor de la capilla mayor de la iglesia de San Marcos en Tegueste, lugar en el que Fernández de Valcárcel poseía una parcela de terreno destinada al cultivo de viña; además en su declaración ante escribano en 1663, viéndose enferma y con mucha edad, doña Inés dictó su deseo de ser sepultada en el convento de Santo Domingo de La Laguna (sede de los frailes dominicos en aquella ciudad).

De lo descrito anteriormente cabe deducir que la Orden de Predicadores, personalizada en Fray Alonso de Lugo, ejerció influencia sobre doña Inés para que una de las dos advocaciones de la ermita fuese la de Nuestra Señora del Rosario, y muy probablemente también contribuyó a que se celebraran las fiestas de exaltación  a los héroes de Lepanto que se conocerían como Libreas.

Queda perfectamente documentado pues, el origen de la ermita del Rosario del Valle de Guerra -siempre vinculada al vecindario aunque posteriormente se fuese olvidando la fundación y patronazgo de la familia Fernández de Valcárcel e Inés de Castilla-, y declarada parroquia en 1924.

Una futura línea de investigación que siga la estela de los datos que menciono a continuación, podría aportar el documento –si existiera-, acreditativo de la antigüedad de La Librea. 

La Orden de Predicadores se asentó y desplegó en Canarias con una clara vocación predicadora exclusivamente dedicada a las islas, y que con el paso del tiempo fue adquiriendo otra dimensión más ambiciosa que excedía los límites del archipiélago, pues sus conventos aquí establecidos sirvieron de base de aclimatación de los frailes que se dirigían al Nuevo Mundo. Ya en el primer momento de la conquista, acompañó al Adelantado Alonso Fernández de Lugo en su estancia en La Palma su hermano el dominico Fray Luis de Lugo, si bien el convento de San Miguel de la capital palmera no se fundaría hasta 1530. 

El segundo asentamiento de la Orden de Santo Domingo de Guzmán en Canarias tiene lugar en 1527 con la fundación del convento de Santo Domingo de la Concepción de La Laguna, un lugar de estudios de alto prestigio en el que se crearon cátedras.

En el Norte los dominicos fundaron en 1580 el convento de San Pedro Apóstol en Daute, el cual sería aceptado en el capítulo provincial de Córdoba en 1591, pasando a Garachico en 1600 por cesión de la iglesia de San Sebastián, donde establecerían el convento (hoy Hospital Geriátrico, Auditorio Municipal y Museo de Arte Contemporáneo).

Posteriormente volveremos a acompañar a los dominicos por el Mar Océano camino del Nuevo Mundo.

Publicaciones en prensa de los dos últimos siglos refieren celebración de Libreas con barcos en diferentes localidades del Norte de Tenerife, como San Miguel de Geneto, Santa María de Gracia, San Benito, San Diego del Monte, Punta del Hidalgo, Bajamar, Tejina, Tegueste, Los Silos, Buenavista y Garachico, posiblemente a modo de aquellas celebradas en el Valle de Guerra, a propósito del desfile de barcos en ellas.

Recordemos que el hijo del Capitán Francisco Díaz Pimienta, combatiente de Lepanto, habiendo nacido en 1594 fue criado en la casa de unos tíos en Garachico hasta que cumplió 10 años aproximadamente (1604), y que el puerto de este enclave isleño era el más importante de la isla de Tenerife en aquellas fechas; a él llegaban embarcaciones de todo el mundo y el tránsito de personas fue realmente elevado, lo que nos permite imaginar la velocidad a la que se propagaban las noticias de los acontecimientos importantes que se producían, y de los personajes protagonistas de ellos, como es el caso de los sucesos de Lepanto y la participación en ellos de Díaz Pimienta.

    

Es probable que Francisco Díaz Pimienta (Hijo), recibiera educación en el convento dominico de  Garachico, a tenor de las referencias que hablan de los excelentes conocimientos que el chico exhibía apenas poco tiempo después durante sus estudios eclesiásticos en Sevilla, del que decían testigos de la categoría de Pedro de Arrese Girón -quien había conocido al muchacho en Sevilla donde estudiaba con 11 o 12 años-, que traducía con asombrosa facilidad las obras en latín de Tito Livio y Quinto Curcio y poseía conocimientos de matemáticas. Posiblemente en Garachico se estableciera el primer vínculo de Díaz Pimienta con los frailes dominicos y que se sostendría a lo largo de su larga trayectoria por tierras del Nuevo Mundo. Luego volveremos con el joven Díaz Pimienta a Sevilla.

Por su parte el padre de aquel muchacho y héroe de Lepanto, mantenía una estrecha relación con Tenerife que no se limitó a la crianza de su hijo en Garachico, sino que también estuvo presente en su desempeño profesional pues, siendo él regidor perpetuo de la isla de La Palma por nombramiento de Felipe III en 1606, desarrollaba los contactos propios de su cargo con la cúpula gobernante de Canarias establecida en La Laguna, donde también vivía y desempeñaba su cargo de regidor perpetuo de Tenerife Álvaro Vázquez de Nava, padre de Alonso el que dispusiera de oratorio particular en el Valle de Guerra y tío de quien finalmente fundara la ermita, Inés de Castilla. Con tal motivo, es presumible que los sucesos de Lepanto y las fiestas de exaltación de los héroes estuvieran presentes en las conversaciones de los principales acontecimientos políticos y militares, y por descontado, también religiosos.

Y volvemos a Sevilla, al convento de Santo Domingo de Porta Coelli donde estudiaba el joven Francisco Díaz pimienta, y en el que los frailes dominicos se preparaban para embarcarse a las Indias. Anteriormente veíamos cómo el joven canario se dedicaba de lleno a los estudios eclesiásticos, destacando en latín y matemáticas aunque lo hacía por deseo de sus padres, ya que él no sentía la llamada del sacerdocio sino más bien lo contrario, pues los hechos de armas y los relatos de las hazañas de su padre despertaron en él una especial vocación por la navegación y la guerra. Fue necesario que muriera su padre en 1610 para que el chico abandonara los estudios teológicos en Sevilla, y se trasladara a Cartagena para ingresar en los galeones con la categoría de guardia marina, dando así curso a su tan deseada vocación. Fue destinado a Flandes en donde hizo gala de su arrojo y valentía que le valieron el ascenso a alférez; se distinguió por sus acciones de armas, por lo que el gobierno le encarga perseguir a los piratas que acosaban los territorios y naves de las posesiones españolas en América. Díaz Pimienta llegó a ser Almirante de las Flotas y Armada Real de la Guarda de las Indias, Mar Océano y de las costas de Andalucía; Almirante de la flota de México; Maestre del Consejo de Guerra y Gobernador de la Real Armada; Capitán General de la isla de Menorca; y Virrey de Sicilia.

En todos sus desplazamientos sobre el mar, Díaz Pimienta navegó bajo la protección de una imagen de la Virgen del Rosario como era costumbre, ya descrita en otro apartado de este trabajo. Igualmente, a bordo de los galeones navegaban los frailes dominicos que se desplazaban al nuevo mundo a predicar la evangelización con su inseparable herramienta: el rosario.

La flota de galeones de Indias comunicaba el puerto de Santa María en España con México en Veracruz, y tras el recorrido por tierra hasta la costa del Pacífico volvía a embarcar en Acapulco con destino Filipinas por Manila. El culto a la advocación del Rosario fue llevado a cada uno de los territorios en los que atracaba la flota, y se expandía por cada uno de los asentamientos a los que llegaban los predicadores, y con ellos, las Libreas de exaltación a los héroes de Lepanto.

Retrocediendo a los años previos a los sucesos de Lepanto y a los viajes de Díaz Pimienta (Hijo) al Nuevo Mundo, recordemos que los dominicos llegaron a México por Veracruz el 24 de junio -fiesta de San Juan Bautista- de 1526, siendo el primer misionero Fray Tomás Ortiz -Vicario General de la Orden de Santo Domingo-, acompañado de Fray Domingo de Betanzos, quien encabezara el primer intento de evangelizar Filipinas y China en 1540.

La evangelización de Filipinas comenzó en 1565, tras el primer fracaso de Fray Betanzos en 1540, siendo el primer obispo de aquellas islas Fray Domingo de Salazar, quien moriría el mismo año que naciera el Almirante Francisco Díaz Pimienta -1594-.

Los datos precedentes nos permiten hacer un seguimiento de los asentamientos dominicos en dos sitios estratégicos del Nuevo Mundo –Veracruz en México y Manila en Filipinas- con anterioridad a los sucesos de Lepanto, y por ende, antes de que Gregorio XIII estableciera la advocación para la Virgen del Rosario el 7 de octubre día de la victoria cristiana en Lepanto, lo que nos permite suponer que una vez arraigada la fe en estos lugares y sucedida la victoria en aquella afamada Batalla, fue fácil la incorporación de la advocación del Rosario y las fiestas de exaltación, trasladadas por los pasajeros que procedentes de Canarias y otros lugares de España iban llegando a aquellos puertos, máxime teniendo como jefe de los galeones al hijo del Capitán laureado de Lepanto quien, ya con anterioridad había pisado aquellas tierras durante su faceta de constructor naval en la Habana, ya que en la zona ribereña situada entre lo que fue Muelle de la Machina y lo que hoy se llama Alameda de Paula, Francisco Díaz Pimienta (Padre) había dirigido la construcción de cuatro galeones destinados a la defensa de las costas y a la navegación entre Santo Domingo y Veracruz.

Otro dato que no nos debe pasar desapercibido de la importancia que el suceso de Lepanto obtuvo en los pueblos del otro lado del Mar Océano, y especialmente en México, es que con motivo del acontecimiento se cambió el nombre de la más importante mina de plata situada en el estado mexicano de Zacatecas: conocida desde su descubrimiento por los españoles en 1548 como “Real de Minas de Pánuco”, pasó a llamarse desde entonces “Pánuco de la Victoria”.

Por otro lado, las fiestas de exaltación a los héroes de Lepanto en la población de Pánuco están datadas en 1622 –siete años después de la fundación de la ermita del Valle de Guerra-, tiempo suficiente y razonable para que se pudiera exportar, asumir y representar una fiesta llegada del otro lado del Mar Océano. Los más importantes investigadores de la tradición mexicana coinciden en que este tipo de manifestación cultural fue traída de España, si bien se adaptó a las características mexicanas.

No es pues producto de la casualidad que todavía hoy, en dos ciudades del Nuevo Mundo se sigan celebrando Libreas a la Virgen del Rosario con gran solemnidad en las “Morismas de Bracho” en Veracruz, y la llamada “Naval” de Manila. 

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