La Librea de Barlovento

 

El Capitán Francisco Díaz Pimienta, nacido en La Palma, fue oficial de la Armada de Juan de Austria en La Batalla de Lepanto al mando de una compañía de milicianos canarios.

Don Francisco Díaz Pimienta nació en Punta Llana, del matrimonio formado por los portugueses Diego Díaz Pimienta y Mayor Franco; fue capitán de infantería y maestre de campo de las Compañías Milicianas de Barlovento, San Andrés y Sauces, y Puntallana; además desempeñó los empleos de Castellano del Fuerte de Santa Catalina en la Capital de La Palma, y Regidor perpetuo de la isla.                              

El retorno del capitán Díaz Pimienta de Lepanto a La Palma, se produjo con posterioridad a la celebración de las suntuosas Fiestas de Sevilla en enero y febrero de 1572 por la victoria de Juan de Austria en la batalla frente a los turcos. La vuelta victoriosa del capitán y los soldados supervivientes a casa se produjo en loor de multitud como auténticos héroes, reconocimiento que llenó de admiración a sus compatriotas y que fue asumido por el propio Juan de Austria, el Papa Pío V y el Rey, lo que le permitiría disfrutar más adelante de los privilegios que le reportaron los cargos otorgados por Felipe II primero, y Felipe III después. El desempeño de sus nuevas funciones en La Palma, le facilitó la difusión de las desgracias y hazañas vividas por él y sus hombres en la gesta de Lepanto, lo que debió causar admiración y simpatía en quienes lo escuchaban, como si de un auténtico legendario se tratara.

Cada tres años en el mes de agosto, la localidad de Barlovento representa la Batalla de Lepanto en honor a La Virgen del Rosario, en una alegoría de lo que sucedió en 1571, y en cuyo suceso lucharon muchos de sus compatriotas procedentes de las compañías milicianas de esa plaza.

En la representación de La Librea de Barlovento, un amplio despliegue de actores escenifica la batalla naval entre las flotas cristiana y turca, y que continúa con el asalto al castillo turco por las tropas de Juan de Austria.

Como nos cuenta María Victoria Hernández en “La Batalla de Lepanto. Moros y cristianos en Barlovento”, el amplio marco escénico situado en la margen derecha del Barranco del Pilón desprende emoción con el ondear de la bandera turca en lo alto del castillo guarnecido por la vigilancia de sus soldados. Desde la margen izquierda del barranco, la Virgen del Rosario presencia la escena. Cuando aparece la flota cristiana, desde ésta se establece un breve diálogo en verso con los ocupantes del castillo:

  

- ¡Ah de la nave. Ah!

  ¡Ah de la nave. Ah!

- ¿Qué dirá?

- Que de dónde vienes

  y para dónde vas.

- Vengo de pueblos cristianos

  y soy nave defensora,

  que por eso vengo ahora

  a defender a mis hermanos.

- Contesta cuál es tu ida

  y cuál tu cargamento,

  y si no conmigo, lento

  todos perderéis la vida.

- Mi cargamento es metralla,

  pólvora, cañones y balas;

  y aquí, bajo de estas alas,

  jamás se albergan canallas.

  Todos vamos por encanto

  buscando nuestra fortuna,

  a vencer a la Media Luna

  en los mares de Lepanto.

  Llevamos como sudario

  para alcanzar la victoria

  la que adoramos con gloria,

  Nuestra Virgen del Rosario.

- Si es verdad ese presente,

  que ahí traéis a María,

 

  saluda tu artillería

 

  y desembarca tu gente.

 

- Saluda tu artillería;

 

  Nosotros también lo haremos,

 

  y entonces todos gritemos

 

  ¡Viva la Virgen María!

 

Tras el combate naval y el asalto al castillo, se toman prisioneros y se iza la bandera cristiana en el mástil que ocupaba la enseña turca. Los cautivos son llevados a la iglesia y presentados ante la Virgen del Rosario, tras lo cual se convierten y acompañan a la Virgen en procesión.     

De toda la representación destaca especialmente por su vistosidad, el desfile de soldados turcos y cristianos al término del combate, ataviados con sus libreas, bajo la atenta mirada de vecinos y gente de otras localidades de la Isla desplazada al lugar para contemplar tan espectacular evento.

Este desfile final de La Librea de Barlovento, bien puede ser una reminiscencia de aquellos primeros desfiles tributados por los soldados del capitán Díaz Pimienta a sus compañeros de combate y a su general Juan de Austria, siguiendo el modelo de desfiles utilizado en las Fiestas de Sevilla de 1572, aunque en ningún caso debieron adquirir el grado de suntuosidad de aquellos, habida cuenta de la modesta economía de la isla de La Palma en el último tercio del siglo XVI. 

Precisamente se cree que fue Díaz Pimienta quien, a su retorno de Lepanto, propuso, organizó, y recaudó fondos para levantar en esa localidad una ermita en honor a la Virgen del Rosario, a quien se le atribuyó la Providencia de la victoria, según la tradición. El licenciado y visitador eclesiástico Juan Pinto de Guisla hace constar en el año 1679 en el libro de la Cofradía del Rosario, que no se conocía el año de la fundación de la ermita, pero que ya existía en 1584 - sólo13 años después del acontecimiento de la Batalla en Lepanto-.

 

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