La Virgen de la batalla de Lepanto de Granada y la Virgen Galeona de Cádiz

 

      En el convento de los padres dominicos de Granada existe una imagen de la Virgen del Rosario bajo la advocación de la Virgen de la Batalla de Lepanto, que fue coronada el 15 de mayo de 1961, por decreto de coronación canónica del Papa Juan XXIII.  Le impuso fajín de Capitán General el ministro de marina don Felipe de Abarzuza, y le rindió honores una compañía de soldados de la Marina con librea de gala. Al acto de la coronación se llevó desde Cádiz la imagen de La Galeona gaditana, que acompañó a la imagen coronada durante todos los actos de la canonización.

En la actualidad, con motivo de la festividad de Ntra. Sra. del Rosario, a la Virgen de la Batalla de Lepanto de Granada se le rinde honores de Capitán General por parte de las compañías castrenses desplazas al lugar con motivo de este acto específico; y si bien en los medios de comunicación se recuerda la advocación del Rosario como fruto de la victoria que la armada cristiana tuvo frente al turco en Lepanto, sin embargo no se celebran representaciones alegóricas de la batalla.

No obstante es muy posible que el origen de estas celebraciones honoríficas procedan de las que ocurrían en Cádiz ya con anterioridad al traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, para celebrar el embarque y desembarque de la Virgen Galeona del Rosario con motivo de las expediciones de la Flota de Galeones de la Carrera de Indias; celebraciones que a su vez deben tener su inspiración en las fastuosas fiestas de Sevilla de 1572, con motivo del triunfo de don Juan de Austria sobre la armada del turco en Lepanto, relatadas por el escribano Pedro de Oviedo.

De las celebraciones procesionales honoríficas que mencioné anteriormente, situándolas en el puerto de Cádiz como punto de partida de la Carrera de Indias, se cuenta que tienen su origen en un acuerdo de 1667 por el que todas las veces que se embarcase o desembarcase la imagen de Nuestra Señora del Rosario en la Flota de Galeones de América, bajo cuya protección navegaba, la comunidad habría de asistir en procesión hasta la playa.

El Padre Labat, en 1704 describía de la siguiente manera la ceremonia de embarque de la imagen:

      El día destinado al embarque, el gobernador, los corregidores, las corporaciones y las cofradías con sus cofrades se dirigían al convento dominicano donde el gobernador de los galeones, con sus oficiales de mayor categoría y todos los capitanes están presentes. La guarnición estaba formada en dos filas desde la Iglesia al lugar del embarque. Se cantaba una Misa solemne y, una vez terminada, el Prior del convento entregaba la imagen al Almirante de la Flota, quien hacía juramento de devolverla. Entonces todas las cofradías desfilaban en sus lugares señalados. Los padres dominicos iban al final y cuatro de ellos portaban la imagen en una magnífica parihuela. El Almirante, espada en mano, marchaba al lado de la imagen, apoyando su izquierda sobre la parihuela. De esta manera, y cantando himnos, se la conducía a la chalupa que debía llevarla al navío almirante. La artillería, tanto de la ciudad como la de galeones hacía tres salvas saludando a la Virgen, una al salir de la iglesia, la segunda al entrar en la chalupa y la última al subir a bordo del navío. Las mujeres de Cádiz acompañaban a la imagen durante su conducción a la chalupa, como asimismo la esperaban en el lugar de su desembarco al regreso de América. Entonces, con las mismas ceremonias, regresaba al convento, trayendo regalos y ofrendas recibidos durante la navegación y que solían ser de bastante valor.

      Posteriormente acompañaban a la imagen sacerdotes de la parroquia del Sagrario y, para darle mayor solemnidad a la procesión, asistía a la conducción de La Galeona al bajel y a su retorno a la iglesia de Santo Domingo, el Cabildo Catedral que celebraba solemne función de gracias al día siguiente, concurriendo también el Tribunal del Consulado a dicho acto.

Igualmente el regreso de la Flota a Cádiz se celebraba con gran júbilo de la comunidad, descrito en una crónica anónima de 1713 que sacan a la luz María Regla Prieto Corbalán y Salvador Daza Palacios en “Proceso criminal contra Fray Alonso Díaz –1714-”. En ella se describe la llegada de la Flota de Galeones de Indias a Sanlúcar de Barrameda con saludos de cañonazos que se cruzan las naves y las guarniciones de tierra en una fiesta jubilosa:

      “…No podía faltar en tan sonora exaltación el Regimiento de Milicias que entretanto marchaba al son de las olas; hizo sus descargas de salvas a las que correspondió con sus tres tiros el barco que suavemente conducido de las ya sujetas aguas, iba ya con majestad acercándose a tierra”…”A este tiempo llegó el Ilustre Cabildo Secular con su gobernador el señor don Jacinto Alonso Velarde al frete, y se divisaba ya la cruz del clero, a la que iban haciendo plaza todas las cofradías. Pasando el capiller la sagrada imagen del barco a la chalupa, despidióse el barco con salva real, y vino la chalupa a tierra. Se bajó la imagen con toda solemnidad y libre ya de tantos peligros, el clero, habiendo dado lugar clamores y música, principió las preces y acción de gracias”.

Se describe el recorrido de la numerosísima procesión a través de las diferentes calles engalanadas de la ciudad, los saludos de salva de las guarniciones y el acompañamiento de la música:

      “…y se llegó por la Ancha a Santo Domingo, a su iglesia… donde aguardaban formadas las milicias. Y al pasar tan triunfante la Señora entre el mixturado estruendo de cajas, fusiles y otros varios fuegos, con la más suave, grave y devota consonancia de músicas, repiques, rosarios, órganos u otros instrumentos músicos… quedó la devoción tan dulcemente suspensa, que queriendo aplaudir al sagrado triunfo con las repetidas voces de ¡Viva la Señora del Rosario! ¡Viva la Santa Imagen de Galeones!, se embarazó el aplauso con las lágrimas en que prorrumpió el gozo”.

      “En el testero de su capilla mayor se había formado para esta función un altar, con una altura de cuatro cuerpos… Se colocó la Santa Imagen en su trono con una multitud de luces, humos olorosos y preces de parte de la clerecía. Cumplidos estos ritos eclesiásticos, sucedieron los devotos mutuos parabienes, gracias y exhortaciones a la prosecución de los cultos”. 

De esta forma se continuó celebrando el desembarco de la imagen de la Virgen Galeona al retornar de América hasta que, en el siglo XIX desapareció juntamente con la Flota de Indias, quedando la imagen de La Galeona casi en el olvido, hasta que en 1961 se trasladó a Granada en buque de guerra para asistir a la celebración de la coronación de la Virgen de la Batalla de Lepanto, como relaté anteriormente.

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