Las Morismas de Bracho - México

 

Las celebraciones que rememoran la victoria en La Batalla de Lepanto, además de ocurrir en Barlovento y en el Valle de Guerra, las he podido encontrar también en México, a donde llegaron procedentes de España.

La más importante fiesta conmemorativa de La Batalla de Lepanto en México, la he localizado en la capital del estado de Zacatecas, si bien en Pánuco, y en otros municipios de Zacatecas como Calera también se celebran en formato reducido de la principal de Bracho, con el mismo nombre: Morismas.

Las Morismas de Bracho, así llamadas las recreaciones de las batallas entre moros y cristianos de Zacatecas, por celebrarse en las Lomas de Bracho, a poca distancia del Centro Histórico de la Capital, son en realidad una fracción del conjunto de fiestas monumentales que se viven durante varios días en la capital, en honor a San Juan Bautista degollado (29 de agosto) en las que se combinan diferentes recreaciones alegóricas de tres acontecimientos de la historia bíblica y medieval: La muerte de Juan el Bautista bajo la orden de Herodes Antipas, la muerte del pagano Almirante Balán de manos del Emperador Carlomagno, y la Batalla de Lepanto.

Las morismas comienzan con un desfile de gala de los llamados morismeños por las calles del casco histórico al ritmo de los tambores, luciendo sus fastuosas libreas mientras acompañan en procesión las imágenes de San Juan Bautista y de la Virgen del Rosario, continuando con el arribo de cuadros alegóricos de la batalla de Lepanto formados por contingentes de tropas, generales, abanderados y reinas turcas, bandas de rifleros, caballería, gastadores y carabineros, y de los batallones turcos, sumando en total más de doce mil actores que, organizados en cofradías se autoconstruyen las ropas, calzados, armas y elementos decorativos de sus mejores galas, las cuales una vez lucidas se guardan para el siguiente año, pasando de padres a hijos, nietos, biznietos, tataranietos, y así durante más de trescientos años.

Las fiestas comienzan el último jueves de agosto y terminan el domingo. Cada día se suceden desde el amanecer hasta la noche, episodios de los tres acontecimientos históricos conmemorados y así, tras dos días de luchas infernales entre turcos y cristianos llega el domingo de la mano del rey Felipe II, el cual viene acompañado de sus tropas a liberar a don Juan de Austria, quien ha sido hecho prisionero por los turcos, y de esta manera juntos consiguen liberar la plaza tomada por los infieles. El momento culminante de la fiesta es aquel en el que es apresado el jefe turco, al cual bautizan por la fuerza para a continuación darle muerte.

La tradición de conmemorar la Batalla de Lepanto asociada a la advocación de la Virgen del Rosario en México, fue llevada allí por los frailes dominicos que a bordo de los galeones de la Flota Real de Indias habían arribado a aquellas tierras acompañados de la imagen del Rosario que don Juan de Austria les había entregado en custodia para protección de los navegantes en la travesía.

Como veremos más adelante, la flota de galeones de Indias que comunicaba las islas con el nuevo continente y con España, tenía un puerto de partida y de llegada en Cádiz, y otro en Veracruz  -México-, pasando por Canarias. Aquellos galeones que hacían la travesía de Indias, llevaban como protectora de sus faenas en la mar a la Virgen del Rosario, siguiendo una ceremonia que también se describe en estas páginas.

Si añadimos el dato de que Francisco Díaz Pimienta (hijo), desempeñó el cargo de Almirante de la flota de galeones de Indias, no es disparatado interpretar que la tradición de honrar a los soldados de Lepanto mediante la advocación de la figura de la Virgen del Rosario, fuese llevada al puerto de arribada de la Flota de Indias en Veracruz, por el propio hijo del héroe canario en la Batalla de Lepanto, en la palabra y la obra de los frailes de la Orden de Predicadores.

La afirmación anterior se refuerza con el siguiente dato que nos permite asumir la importancia del suceso de Lepanto en los acontecimientos del momento en los territorios del Imperio Español: El filón de “Los Tajos”, principal mina de plata de Pánuco, en Zacatecas, descubierto en 1548, que llevaba el nombre de “Real de Minas de Pánuco” desde aquel año de su descubrimiento por los conquistadores españoles, cambió de nombre a raíz de la victoria en la Batalla de Lepanto, pasando a denominarse desde entonces “Pánuco de La Victoria”. Tal era la influencia del impacto que la victoria en Lepanto había ejercido en quienes, utilizando la flota de galeones de la Carrera de Indias, transportaban el precioso mineral a España, convirtiéndose a su vez en portadores de las exaltaciones heroicas de las hazañas frente al turco, con sus narraciones de los sucesos y del milagro atribuido a la Virgen del Rosario en la victoria.

Casi se cerraría así el círculo por el cual las vivencias de Lepanto se trasladan a Canarias por el Capitán Francisco Díaz Pimienta y los frailes dominicos, primero a Barlovento y después al Valle de Guerra, para finalmente ser llevadas por su propio hijo, el Comandante Francisco Díaz Pimienta a México. No es casualidad, por tanto, que las tres únicas representaciones de la Batalla de Lepanto que se conservan en todo el mundo, sean precisamente las celebradas en estos tres lugares.

No obstante, este círculo de Libreas alusivas a la Virgen del Rosario no se cierra en Veracruz, sino que continuando con la ruta de la flota de galeones de Indias, llegarían hasta Manila, capital de Filipinas en el Pacífico, si bien ya no son libreas alusivas a Lepanto, aunque sí influidas por el acontecimiento de 1571, y por la presencia en Filipinas de la Virgen del Rosario.  

Efectivamente, los galeones de la Flota Real de Indias arribaban a México por el puerto de Veracruz en el Atlántico, dejando allí su impronta en las celebraciones de la Batalla de Lepanto como hemos visto en los párrafos anteriores. Pero la ruta continuaba por tierra a través del territorio mexicano hasta la costa del Pacífico en el puerto de Acapulco, desde donde nuevamente partían los galeones con destino a la capital de Filipinas, Manila.                                                                  

Y nuevamente a bordo de aquellos barcos, los seguidores de Santo Domingo de Guzmán son portadores de los milagros de la Virgen del Rosario convertida ya en Patrona de la Mar y protagonista de nuevas victorias milagrosas atribuidas a ella por los soldados españoles que se le habían encomendado en cada una de las batallas acaecidas contra invasores islámicos y protestantes de aquellas lejanas costas de Oriente, como describiré en páginas posteriores.  

 

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