Historia del Rosario

 

      El origen del rosario se remonta a varios milenios, y proviene de la India donde se utilizaba como medio para facilitar la meditación durante las oraciones. La palabra proviene del latín rosarium, que significa rosaleda o jardín de rosas. Con el rosario se conmemoran los quince misterios de la Virgen, y de la vida de Jesucristo.

      El rosario no es exclusivo de la iglesia católica, pues también las religiones hinduista, budista e islamista lo utilizan para rezar.

      El Rezo del Santo Rosario en la iglesia católica se remonta al menos al año 800. Ya entonces en los monasterios se tenía por costumbre rezar los 150 salmos del Oficio Divino semanal; y para los fieles que no sabían leer se eligió la práctica de recitar 150 Avemarías por ser ésta una práctica más sencilla que no requería lectura; a esta devoción se le conocería con el nombre de “El salterio de la Virgen”. El Avemaría también es una práctica oratoria posterior a Santo Domingo de Guzmán, si bien desde comienzos de la iglesia ya existían rezos dirigidos a la Virgen María.

      Fueron precisamente los frailes dominicos quienes utilizando la Orden Predicadora, cuyos miembros se mezclaban entre las gentes del pueblo, propagaron su difusión mediante la creación de cofradías y grupos de devotos, potenciado todo ello con relatos de milagros que acrecentaron su fama, como el de 1214 en el que, según la leyenda, se apareció Santo Domingo para decir que había recibido de la mano de la propia Virgen María el primer rosario. Todas estas prácticas permitieron la conversión de los no creyentes.

      El rezo del Rosario es el más divulgado en la tradición Mariana, y fue propagado por Santo Domingo de Guzmán como método para hacer frente a los movimientos iluminados de los albigenses, los cuales negaban algunas de las doctrinas esenciales de la iglesia católica, como el uso de los sacramentos, el culto externo y la jerarquía eclesiástica, los cuales tomaron el nombre de la región francesa de Albi, secta cuyos miembros llegaron a convertirse en grupos religiosos violentos. 

Pasado un siglo de la muerte de Santo Domingo de Guzmán, la práctica del rosario decayó, aunque los predicadores de su orden continuaron propagándola, lo que permitió su resurgimiento de la mano del beato Alano de la Rupe y del prior del convento dominico de la región alemana de Colonia, Jacobo Sprenger.  

En el siglo XVI el rosario ya disponía de la estructura actual de la contemplación de los misterios, el Credo, el Padrenuestro y el Avemaría. El rezo se realiza con ayuda de un objeto de devoción que recibe el mismo nombre de rosario, constituido por una sarta de cuentas separadas de 10 en 10; las cuentas pequeñas representan Avemarías, y las grandes Padrenuestros.

       El rosario corriente se compone de 55 cuentas dispuestas de modo que a cada 10 Avemarías corresponde un Padrenuestro. El rosario de la Santísima Virgen comprende 15 decenas de oraciones conteniendo 15 Padrenuestros y doxologías y 150 Avemarías. Para cada decena se prescribe la meditación sobre uno de los tres misterios, a cada uno de los cuales se dedican cinco decenas. A los misterios: gozoso -dedicado a la encarnación y vida oculta de Cristo- doloroso, -dedicado al sufrimiento de la Pasión-, y glorioso -en referencia al triunfo de la resurrección-, Juan Pablo II añadiría el misterio luminoso para honrar la vida pública de Jesús, con motivo de la declaración del año del rosario en 2003.

      Aunque la segunda mitad del Avemaría se añadió allá por el siglo XIV, fue en el siglo XVI cuando su uso se hizo universal con motivo de la promulgación del Breviario Romano de Pío V, quien mandó que se rezase al principio de cada hora del Oficio Divino, después del Padrenuestro.

      Fue el propio Pío V quien recomendó el rezo del Santo Rosario en toda la comunidad cristiana, y especialmente en la armada de La Liga Santa constituida a instancia suya, como medio de interpelación por la que se solicitaría a la Virgen María su intercesión en favor de la victoria de esta flota en la guerra frente a los turcos, que posteriormente se conocería como La Batalla de Lepanto, acontecida el 7 de octubre de 1571. La victoria lograda por los cristianos fue atribuida a esta práctica religiosa, por lo que fue instituida la fiesta del rezo del rosario el 7 de octubre, dedicándose este día a la advocación de la Virgen de las Victorias, posteriormente cambiada por el papa Gregorio XIII en 1573 a la advocación de Nuestra Señora del Rosario.  

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