La Virgen del Rosario, patrona de la mar

 

      Hasta 1901, año en el que se produce la proclamación oficial del Patronazgo de la mar para la Virgen del Carmen, es la Virgen del Rosario quien ostenta el mencionado título de protectora de la gente de la mar.

      En su imagen denominada La Galeona, la Virgen del Rosario fue durante largo tiempo llamada Patrona de la Flota Real de Indias, debido a que esta imagen todavía hoy venerada en el convento de Santo Domingo de Cádiz, fue patrona de la flota de galeones que partiendo de aquella ciudad ponía en comunicación las islas y la tierra firme de las colonias del Nuevo Mundo con la España peninsular, realizando lo que entonces se llamaba la Carrera de Indias.

      La Virgen del Rosario fue pues, patrona de la Marina de Guerra y de la Flota de Galeones cuyo gran puerto fondeadero fue el de Cádiz. Don José María Blanca Carlier lo describe magistralmente en su trabajo “La Galeona y la Flota de Indias”:

      Cádiz y Veracruz fueron los puertos de origen y término de la travesía por espacio de más de siglo y medio, y aquí nació el patronato de la Virgen del Rosario sobre la flota de galeones de la mencionada Carrera. Puede decirse que el elemento de unión entre la metrópoli y sus colonias era una gran carrera triunfal de la Virgen del Rosario en dos etapas: una, de Cádiz a Méjico por Veracruz, y otra, de Méjico a Manila por Acapulco. Protectora de las dos ciudades, término y punto de partida de la Carrera de Indias, la Virgen del Rosario lo fue también de los que entonces hacían tan larga y penosa travesía.

      Viviendo en Cádiz la mayoría de los que formaban el tercio de galeones, era natural que escogiesen a la Virgen del Rosario por su Patrona. De ella solicitaban protección en sus peligrosas singladuras y le traían exvotos como acción de gracias por haber regresado incólumes.

      Hay datos que confirman el patronato de la Virgen del Rosario sobre el tercio de galeones y de la Carrera de Indias. Por ejemplo, la imagen venerada en el convento de Santo Domingo de Manila nos lleva a deducir que el patronato ha nacido por extensión de la devoción profesada a cada una de las imágenes protectoras de la ciudad donde se iniciaban y concluían aquellas navegaciones y, por otra parte, que existía algún vínculo por el que los navegantes se consideraban ligados al título del Rosario. En esto pudo influir el recuerdo de la batalla de Lepanto.

      La devoción a la Virgen del Rosario se extiende a finales del siglo XV y continúa en el siguiente con gran intensidad. Curiosamente en un momento de la historia, y cuando aún oficialmente la Virgen del Rosario no ostentaba el patronazgo de la mar, ya lo era también del pueblo dedicado a las tareas marítimas en tierra, y especialmente de los centros de beneficencia pública.

      El ser el Puerto de Santa María fondeadero de las galeras reales originó una afluencia de aventureros y galeones extraordinaria. Las flotas de Indias traían a Cádiz un enjambre de comerciantes genoveses y flamencos; y existiendo una precaria beneficencia pública en aquella época, la ciudad ofrecía un lastimoso estado con los enfermos abandonados muriendo por las calles.

      El sentido de la beneficencia del sacerdote Diego de Ojeda, le llevó a fundar en 1512 un hospital que atendiese a los forzados.

      Fue precisamente en este hospital y capilla donde nació el patronato de la Virgen del Rosario sobre la flota de galeones.

      Los oficiales y tripulaciones de las galeras reales construyeron, hacia 1564, una Cofradía protegida por el comendador don Luis de Requeséns. Se tituló de la Piedad y de la Caridad, y fue confirmada por el Papa Pío V quien, a petición del Generalísimo de la Santa Liga, don Juan de Austria concedió, no solamente la confirmación de lo ya hecho, sino que lo amplió, con la facultad singularísima de investir al capellán de la Hermandad con la prerrogativa de ser el Ordinario de la Armada, siempre que se fundasen cuatro hospitales, a lo menos, para forzados, que se intitulasen de la Santa Liga.

      Sostenían estos hospitales los galeotes, a quienes se mermaba su mísera ración de bizcocho para este fin, restándoseles también una parte de las presas que las galeras reales hacían.

      El hecho de haber donado don Juan de Austria a la Cofradía una efigie de Nuestra Señora del Rosario, a quien se atribuyó la gran victoria de Lepanto, determinó el patronato de esta advocación sobre la flota de galeras, pues siendo el asiento de la jurisdicción privativa de la Armada la basílica lateranense del Puerto de Santa María, donde se veneraba como protectora de la Cofradía de la Piedad y Caridad la imagen del Rosario, ésta quedó tácitamente constituida como Patrona de las galeras reales.

      Es una disposición de la Providencia que determinados favores estén vinculados a una imagen determinada, convicción que se va consolidando con los beneficios obtenidos. En esta situación sólo falta un hecho que al presentarse, actualiza lo que ya existía en potencia, concretándolo en alguna práctica que sólo necesita el reconocimiento oficial para dar paso al patronato jurídico. El estado jurídico, pues, se imponía, y al efecto el Tribunal del Consulado declaró Patrona de las Indias a la Virgen del Rosario, concediéndole grados y honores de Almirante.

      Cuando en 1901 se proclama oficialmente el patronazgo de la mar para la Virgen del Carmen, ya los marineros del mundo llevaban un siglo cantando la Salve Marinera en honor a la Virgen que ellos consideraban su protectora en las faenas de la mar; tenían el conocimiento de la protección que la Señora del Rosario prestó a quienes en la mar experimentaron las gloriosas hazañas de Lepanto, relatadas con profunda y devota admiración por todos.                                                                 

      La Salve Marinera es el extracto de algunas frases de una zarzuela de principios del siglo XIX llamada El Molinero de Subiza.

      Podemos asegurar que la “Salve” comenzó a ser cantada como himno por la gente de la mar, en honor a la Virgen del Rosario:

¡Salve!

Oh Fénix de hermosura,

Madre del Divino Amor.

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

y hasta ti, hasta ti nuestro clamor.

¡Salve! ¡Salve!

Estrella de los mares.

¡Salve!

Estrella de los mares.

Sí, fervoroso llegue al cielo

y hasta ti, hasta ti nuestro clamor.

¡Salve! ¡Salve!

Estrella de los mares.

Estrella de los mares.

¡Salve! ¡Salve! ¡Salve! ¡Salve!

      Dicho cántico fue popularizado en su tiempo por la Armada Española por ser el himno de ésta, mas con el paso del tiempo se terminó haciendo popular en todos los ámbitos de la mar. 

      Estrella de los Mares-Stella Maris-, es uno de los nombres de la Virgen María; dicho nombre procede de la interpretación de un pasaje del Antiguo Testamento, primer libro de los Reyes, 18:41-45.

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