Papa Gregorio XIII

 

De nombre Ugo Buoncompagni, nació en Bolonia el 7 de febrero de 1502, y murió en Roma el 10 de abril de 1585. Hace el Papa nº 226 de la Iglesia católica, que rigió de 1572 a 1585.

Gregorio XIII instauró la advocación de La Virgen del Rosario en 1573, en sustitución de la que su antecesor Pío V hizo de la Virgen de Las Victorias el 7 de octubre, para conmemorar el triunfo cristiano en La Batalla de Lepanto. Gregorio XIII determinó que se celebrase el primer domingo de octubre ya que fue un domingo el día en que se había ganado la batalla. Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de octubre, pero algunos dominicos (primeros predicadores del Rosario) siguen celebrándola el primer domingo del mes.

Hombre estudioso y muy culto, cursó jurisprudencia en la universidad de Bolonia y se doctoró en derecho en 1530. Desde 1531 ejerció como profesor de alumnos de la importancia de Alejandro Farnesio.

En 1539, fue reclamado en Roma por el cardenal Parisio e inició su carrera eclesiástica que le llevó a ordenarse sacerdote en 1542. Actuó como juez de Roma, abreviador papal y refrendador del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica hasta que, en 1546 fue enviado como auditor al Concilio de Trento.

Nombrado obispo de Viesti por Pablo IV en 1558, volvió tres años después al concilio de Trento donde permanecería hasta su clausura en 1563. Tras su regreso a Roma fue nombrado cardenal presbítero de San Sixto y enviado como legado pontificio a España para intervenir en el proceso inquisitorial incoado al cardenal de Toledo, Don Bartolomé Carranza. Su estancia en España le permitirá conocer al rey Felipe II y atraerse su simpatía, lo que sería decisivo en su elección como papa.

Tras la muerte de Pío V, el Colegio cardenalicio reunido en cónclave le eligió como nuevo Papa, adoptando el nombre de Gregorio XIII. A pesar de su avanzada edad (setenta años), demostrará una inflexible energía y voluntad en la regeneración de la Iglesia, continuando la labor iniciada por su predecesor Pío V.

Empeñado en la renovación moral de la Iglesia, ya en su primer consistorio comunicó a los cardenales su intención de hacer cumplir estrictamente los cánones aprobados en el Concilio de Trento, mostrándose además inflexible en la obligación de los obispos de residir en sus respectivas sedes.

Incentivó la creación de colegios y seminarios, en los que se formaran cultural y moralmente los futuros sacerdotes y misioneros.

Instauró el llamado Calendario Gregoriano, vigente en la actualidad, y que sustituyó al Calendario Juliano utilizado desde que lo instaurara Julio César en el año 45 antes de Cristo. El nuevo calendario vino a solucionar el problema que planteaba el hecho de que el año juliano tenía 11 minutos y 14 segundos más que el año solar, lo que había provocado que la diferencia acumulada hiciera que el equinoccio de primavera se adelantara en diez días. Asesorado por el astrónomo jesuita Christopher Clavius, Gregorio XIII  promulgó el 24 de febrero de 1582, la bula Inter Gravisimas en la que establecía que tras el día 4 de octubre de ese año, seguiría el día 15. Con la eliminación de estos diez días desaparecía el desfase con el año solar, y para que no volviera a producirse, se eliminaron en el nuevo calendario tres años bisiestos cada cuatro siglos.

 

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