Librea del Valle de Guerra

En el transcurso de las celebraciones festivas en honor a Nuestra Señora del Rosario -Patrona del Valle de Guerra-, el sábado más próximo al 7 de octubre tiene lugar la exaltación a los canarios combatientes en la Batalla de Lepanto y a la Virgen que, según cuenta la tradición, intercedió a favor de la victoria de los cristianos frente a los turcos. Este conjunto de celebraciones es conocido como “La Librea” desde sus orígenes, cuatro siglos atrás.

Los honores a la Señora del Rosario son solemnizados por La Escuadra, compuesta por un grupo de soldados y un capitán al mando, ataviados con libreas y armamento de la época, quienes desde su formación rinden armas, himno y salvas a la Virgen, al tiempo que profesan obediencia a su Capitán, el cual les pide rigor, respeto y disciplina durante la escolta que harán a la Virgen del Rosario, poniendo en su boca el poema “El soldado español de los tercios”, de Pedro Calderón de la Barca, el dramaturgo que elevó a la más alta categoría el género dramático auto sacramental:

Este ejército que ves

vago al yelo y al calor,

la república mejor

y más política es

del mundo, en que nadie espere

que ser preferido pueda

por la nobleza que hereda,

sino por la que él adquiere;

porque aquí a la sangre excede

el lugar que uno se hace,

y sin mirar cómo nace,

se mira cómo procede.

Aquí la necesidad

no es infamia; y si es honrado,

pobre y desnudo un soldado,

tiene mejor cualidad

que el más galán y lucido;

porque aquí a lo que sospecho,

no adorna el vestido al pecho,

que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,

a los más viejos verás

tratando de ser lo más,

y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal

hazaña es obedecer,

y el modo cómo ha de ser,

es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,

el buen trato, la verdad,

la firmeza, la lealtad,

el valor, la bizarría,

el crédito, la opinión,

la constancia, la paciencia,

la humildad y la obediencia,

fama, honor y vida son

caudal de pobres soldados;

que en buena o mala fortuna,

la milicia no es más que una

religión de hombres honrados.

Desde la media tarde comienza el traslado del llamado Barco de La Virgen desde el barrio de La Hondura, en donde ha sido aprestado, hasta la plaza de la iglesia, precedido por la banda de cornetas y tambores del pueblo, y en su retaguardia parrandas de música canaria y chiquillos que compiten entre sí por ocupar un sitio en el barco que es tirado por una  yunta de vacas; todo ello salteado por voladores que con su estallido avisan al resto de vecinos del lugar exacto del camino por el que transcurre la comitiva, imitando los desfiles de las libreas de Sevilla de 1572 relatados por el escribano Pedro de Oviedo. A la llegada del barco a la plaza es colocado junto a la puerta sur de la iglesia, aquella por la que ha de salir la imagen de la Virgen tras el rezo del Rosario, para su traslado cívico hasta el lugar principal del marco escénico. La contemplación del barco por vecinos y visitantes ya no cesará en toda la noche, y sus movimientos y ubicación son a su vez un indicativo del poco tiempo que resta para el comienzo de la gran fiesta

El momento culminante lo marca la Escuadra de la Virgen formando ante la puerta sur de la iglesia, señal inequívoca de que la Patrona se incorpora a la celebración del Auto Sacramental.

Comienza así el Auto “Libreas del Rosario”, incorporado a La Librea por primera vez en 1982, y que viene representándose desde entonces ininterrumpidamente.

A las once en punto de la noche hace aparición en la puerta sur de la iglesia la Virgen del Rosario, para dar comienzo al Auto con los honores de La Escuadra y el traslado cívico de la imagen de Nuestra Señora. El ritual de La Escuadra se inicia con la solicitud de licencia que hace el Capitán al señor Cura Párroco para escoltar la imagen de la Virgen del Rosario durante el acto y rendirle honores, con la promesa de devolverla a su altar en las mismas condiciones que su Escuadra la recibe; imitando el embarque que se realizaba en Cádiz de la Imagen, con cada partida y cada regreso de la Flota de Galeones que hacía la Carrera de Indias, bajo cuya protección navegaban los Almirantes del Mar Océano, y que el Padre Labat describía en 1704:

      “El día destinado al embarque, el gobernador, los corregidores, las corporaciones y las cofradías con sus cofrades se dirigían al convento dominicano donde el gobernador de los galeones, con sus oficiales de mayor categoría y todos los capitanes están presentes. La guarnición estaba formada en dos filas desde la Iglesia al lugar del embarque. Se cantaba una Misa solemne y, una vez terminada, el Prior del convento entregaba la imagen al Almirante de la Flota, quien hacía juramento de devolverla”.

La Escuadra también honrará la memoria de los soldados que aquel 7 de octubre de 1571 se convirtieron en héroes del acontecimiento que ahora se celebra, especialmente los que partieron desde Canarias al mando del Capitán Francisco Díaz Pimienta.

Los toques de tambor y los sones de la banda de música del pueblo se confunden con las órdenes del Capitán de la Escuadra y las salvas, junto a los rezos y plegarias de quienes piden a su Patrona su divina protección, los Vivas a la Virgen del Rosario y las loas de sus devotos vecinos, como la siguiente, atribuida a Nélida Falero hacia el 1940:

¡Oh María del Rosario!

Patrona del Valle Guerra,

con el rosario en tus manos

y una valerosa prenda.

Las cuentas son escalones

que tienen las escaleras,

para subir a los cielos

el que se guíe por ellas.

Tú has sido la vencedora

de las batallas y guerras;

que en la guerra de Lepanto

 

tú ganaste la bandera,

los buques se derrotaron,

los turcos al mar se entregan,

el agua quedó teñida

de la sangre de sus venas

y los cadáveres quedaron

bamboneando sus penas.

Adiós Virgen del Rosario;

si no te volviera a ver,

esperanza en Dios del Cielo

que esa no se ha de perder.

  

La banda de música Nuestra Señora de Lourdes interpreta la obra “Lepanto, vísperas de la Batalla” especialmente seleccionada para la ocasión; y en homenaje a los soldados combatientes, la coral Vox Canticorum interpreta “Salve Marinera”, el himno de quien hasta 1901 fue Patrona de la mar -la Virgen del Rosario-. 

Felipe II, Mocénigo I, Pío V, Juan de Austria, Alí Bajá, Selim II, Cervantes, entre otros muchos personajes recrean los acontecimientos históricos que llevaron a los aliados cristianos a formar una Liga Santa frente al Imperio Turco. Entre estruendo de cañones, lamentos de los heridos y gritos de euforia de los vencedores, acompañados de los sones de la selecta banda sonora, los seguidores del evento son transportados hasta el siglo XVI, envolviéndoles el humo, las lágrimas, los gritos, los charrasqueos de espadas y los olores a pólvora como si realmente se encontrasen a bordo de uno de aquellos barcos que luchaban en medio del Mediterráneo bajo la divina protección de la Virgen del Rosario. 

La primera referencia escrita que se conoce de un texto de La Librea está fechada en 1955, y es fruto de la transcripción que el entonces médico del pueblo, don Alfonso Fernández hiciera de las transmisiones orales provenientes de los más viejos del pueblo:

- Juan de Austria, hermano del Rey soy;

de los tercios de España, capitán,

y con mi gente por los mares voy

buscando al fiero turco musulmán.

El moro es malvado y aguerrido,

pirata que estos mares avasalla,

enemigo de Cristo, mal nacido,

rey de un ejército bárbaro y canalla.

Hoy unidos con Venecia y con el Papa,

queremos acabar con sus hazañas,

y tal como juré ante el Sagrario,

tras buscarlo en cualquier lugar del mapa,

lucharemos gritando ¡Viva España!

e invocando a la Virgen del Rosario.

¡Oh turco, fiero adalid!

Rey del castillo temido,

eres villano, atrevido,

maldito tú, Uluch Alí

en tierra de Alá nacido.

- ¡Cristiano! ¿Cómo has osado

venir hasta mi castillo?

¿No sabes que ha fracasado

todo el que hasta aquí ha llegado

y sólo encontró el martirio?

- Hoy mi escuadra es poderosa,

y vengo dispuesto a matarte;

traigo como arma gloriosa

a la Virgen milagrosa

y a Cristo como estandarte.

- No hay más razón que mi espada;

mi reina es la Media Luna;

mi única ley mi mesnada;

la muerte es mi bien amada,

y la guerra mi fortuna.

No hay más Dios que el Gran Alá,

y Mahoma su profeta;

con la fuerza por verdad,

a toda la cristiandad

la borraré del planeta.

- Moro cruel y malvado

que atemorizas a Europa,

que violaste lo sagrado,

que el mundo entero has hollado

con las plantas de tu tropa:  

Por España y por mi Dios

y por la Virgen María,

yo he de venceros a vos,

o moriremos los dos

en esta dura porfía.

¡Soldados: Santiago y cierra España!

¡Soldados: Cantad victoria!

¡Que repique la campana,

pues esto pasará a la historia

para mayor honra y gloria

de la Virgen Capitana!

¡Viva la Virgen del Rosario!

 

 Con el cambio de destino profesional del Médico el texto debió quedar en el olvido, lo que movió a Fernando Adrián y a mi padre, Julio Rodríguez Rivero, a redactar un nuevo texto que se estaría interpretando hasta 1971 (cuarto centenario de la Batalla de Lepanto -1571-):

Soldados del Reino Hispano

que integráis la Santa Liga:

Junto con nuestros hermanos,

luchemos como cristianos

porque el honor nos obliga.

Nuestra consigna es vencer

a quienes sin compasión,

asesinan a placer,

y luchan para extender

su imperio y su religión.

Noticias tengo que está

en el Golfo de Lepanto

la escuadra de Alí-Bajá;

por eso vamos allá.

¡Preparaos, mientras tanto!

- Veo una nave que surca

las aguas. ¡Viene hacia acá!

- ¡Ese es Alí-Bajá,

¡Jefe de la escuadra turca!

- ¡La batalla es inminente!

Que cada cual esté listo,

y siempre invocando a Cristo

se haga una cruz en la frente.

- ¡Por Juan de Austria te tengo!

- ¡Y tú eres Alí-Bajá!

- Sí, lo soy, y por Alá

que a darte la muerte vengo.

¡Calla, turco insolente!

¡Engendro de Belcebú!

Ya está dispuesta mi gente,

y en este día presente

el muerto lo serás tú.

Mis naves fuertes y muchas;

mi gente, también fuerte;

y además de fuerte, escucha:

Me hacen ver en esta lucha

un juego que me divierte.

- ¡Oye turco fanfarrón!

¿Por qué te crees triunfante

si no ha tronado el cañón,

y si aún nuestro pendón

está en su mástil, flamante?

- Para enfrentarte a mis huestes

¿con qué cuentas tú, cristiano?

- Con Éste, que está en mis manos,

y con la Madre de Éste,

Madre de Dios Soberano.

Bien se ve que no conoces

de Alá el poder infinito;

pues no evitarán tus dioses

que tu cadáver repose

en el mar, como un maldito.

- ¡Mi escuadra dispuesta está!

- ¡La mía, dispuesta se halla!

- Entonces, Alí- Bajá:

¡Comencemos la batalla!

¡Fuego!

- ¡Soldados del Gran Selim

y del Imperio Otomano:

ya llegó el momento, al fin

de acabar con los cristianos!

¡Luchad, no temáis a nada!

Vuestros enemigos son;

matadles sin compasión

con el hacha o con la espada!

Mostraos todos valientes

que yo pelearé también,

y he de matar a más de cien

con la espada, o con los dientes.

Yo sé que sois aguerridos;

yo sé que valientes sois;

pero este consejo os doy:

¡Antes muertos que rendidos!

El que se entregue a mis manos,

siempre que clemencia implore

y renuncie a ser cristiano,

en el Imperio Otomano

tendrá riquezas y honores.

- ¡Calla, hijo de Satán!

No ando en pro de riquezas;

jamás seré musulmán;

y has de saber que Don Juan

lo que busca es tu cabeza.

¡Ánimo, bravos soldados!

Sois cristianos; no temáis

que no seréis derrotados

por esos turcos malvados,

contra los cuales lucháis.

Ellos buscan el dominio

de los mares; son piratas;

el saqueo es su designio;

perseguidles como a ratas

hasta el total exterminio

¡Fuego!

- Herido estoy ya de muerte;

mis dioses me abandonaron;

don Juan: has tenido suerte,

porque siendo yo más fuerte,

tus dioses me derrotaron.

- ¡Gracias! ¡Oh Virgen Piadosa,

Madre mía del Rosario,

que en esta noche espantosa

me entregaste el adversario!

Sepan todos los cristianos

que integran su Intercesión,

que tendrán la protección

de su Hijo Soberano.

 

Suspendida la celebración de La Librea en aquellas fechas por problemas de organización, no volvería a celebrarse hasta 1982, recuperándose precisamente con el estreno del Auto Sacramental al que he hecho referencia anteriormente, y que se ha convertido desde entonces, por su veracidad histórica y plasticidad escénica, en la celebración más esperada de La Librea, hasta el punto de que hoy podemos decir sin rubor que La Librea es la referencia sociocultural más representativa del Valle de Guerra, y su Seña de Identidad colectiva.

Como había mencionado anteriormente, la recreación de La Batalla de Lepanto comienza con una obertura musical a cargo de la Banda de Música Ntra. Sra. de Lourdes y de la Coral Vox Nobis (hoy Vox Canticorum), para a continuación pasarse a relatar la inquietud vivida en los palacios de gobierno de los países europeos, ante las noticias que llegan de Turquía describiendo el rearme de la flota naval turca, y las intenciones del Sultán de invadir Chipre. Todo ello acontece en un gran escenario que recrea el ambiente en las cortes cristianas y turcas, así como la iniciativa vaticana de convencer al Rey de España y al Dux de Venecia para junto al Papa formar una Liga Común que hiciera presión al turco.

El personaje del soldado Cervantes va narrando los acontecimientos históricos y su reflejo recreado en la representación.

Un mensajero entrega una carta del Sultán al Dux veneciano, instándole a la entrega de Chipre bajo la amenaza de hacerle la guerra si no lo hace.

En la corte turca, durante una exuberante fiesta, el Sultán y su general Alí-Bajá planean la invasión de la isla chipriota.

En el Vaticano, el Papa procede a convocar a los príncipes cristianos, haciéndoles observar la conveniencia de que es necesario frenar a los turcos en este momento, o las consecuencias serán irreparables en el futuro.

En el transcurso de las negociaciones, Juan de Austria es nombrado Capitán General de La Liga.

En España, el Rey despide a su hermano Juan de Austria dándole importantísimos y prudentes consejos sobre cómo debe proceder para que la misión alcance sus objetivos.

Producido el embarque de los soldados en sus respectivas naves, Juan de Austria y Alí Bajá transmiten respectivamente a sus combatientes las razones por las que se encuentran allí, y cuáles son las consideraciones que observarán para el buen desarrollo de la batalla.

Avistada la flota enemiga, se reproducen las amenazas y promesas, se defienden los valores que se pretenden proteger, y surgen los primeros escarceos de guerra.

La batalla se produce, y mientras tanto heridos, valientes y miedosos aparecen en escena desplegando sus mejores gallardías, plegarias y miserias. El enfrentamiento directo entre los jefes de las flotas en guerra acaba con la caída de Alí Bajá herido, su reconocimiento de la derrota, la exaltación del valor de su rival, la fortuna de la Divina Providencia para los cristianos, y la muerte.

La victoria de los cristianos no va acompañada de gritos estertóreos, ni de descalificaciones para los vencidos, sino bien al contrario, recogen los heridos, curan sus heridas, y los ofrecen como personas de bien a la Virgen del Rosario.  

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