Apuntes históricos sobre el orígen poblacional del Valle de Guerra

 

  • La Conquista de Tenerife

En 1493 Alonso Fernández de Lugo solicitó a los Reyes Católicos licencia para explorar y conquistar las islas de Tenerife y La Palma, asumiendo los gastos de la misma, pues ya se encargaba él de conseguir quién le ayudase.

      Fuéle concedida la licencia que pedía y por mandato de sus Majestades los Reyes Católicos Fernando y Dª. Isabel, se le otorgaron escrituras de concierto y asiento sobre las condiciones de la conquista, y le dieron título de Capitán General de ellas desde el cabo de Aguer hasta el de Bujador, en las partes de África y que habiendo conquistado las dichas islas de Tenerife y La Palma, sus Majestades nombrarían persona que con él entendiese en el repartimiento de sus tierras y heredamientos, como más bien se especifica en la conducta; su fecha año de 1493. Conseguida esta merced por Dn. Alonso Fernández de Lugo, habló a algunos caballeros poderosos de España si querían ayudarle en la conquista, que partiría con ellos de las presas de ganado y cautivos que se hiciese y entrarían en parte según el caudal con que cada uno entrase... A la fama de la conquista se alistaron muchos soldados y se allegaron muchos nobles sin interés de paga y deudos suyos; y algunos que tenían parientes de los primeros conquistadores que habían ido a Lanzarote y Fuerteventura y demás islas con Bethencourt. Pasaron el general y sus capitanes y soldados a Cádiz, en donde estaban prevenidos dos navíos para el viaje. Salieron del puerto y aportaron a la isla de Gran Canaria; y dando cuenta a las demás islas conquistadas para si le querían ayudar, algunos vinieron en su compañía con mucha voluntad de que todas las islas estuviesen de católicos y a la obediencia de los Reyes de Castilla.

El 29 de septiembre de 1492, el Adelantado desembarcó en La Palma, dándole el nombre de aquel día, San Miguel; y si bien no obtuvo resistencia de los indígenas en principio, sin embargo debió enfrentar duros combates con los menceyes para poder derrotarlos, tras los cuales dedicó los esfuerzos de sus tropas a presionar hasta conseguir doblegar definitivamente a Tanausú, quien se había resistido en La Caldera de Taburiente, cayendo definitivamente el 3 de mayo, día de la Santa Cruz del año 1492, poniendo por nombre a la capital de la Isla, el de aquel día.

Alonso Fernández de Lugo renunció a los 700.000 maravedís que le correspondían por la conquista de La Palma, según condiciones impuestas por la Corona siempre y cuando lograra someter a la Isla en el tiempo de un año, condicionando esta renuncia al cambio del mando de la expedición a Tenerife.

      «A principios de 1494 llegó a Canaria Don Alonso Fernández de Lugo con la mayor parte de las tropas que le habían acompañado en la conquista de la isla de La Palma, y una vez en el Real de las Palmas trató de alistar nuevos soldados a sus banderas, con objeto de pasar a Tenerife con una fuerte expedición, para lo que vendió algunos bienes que le quedaban en Galdar; y auxiliado de Lope Hernández de la Guerra, Hernando de Trujillo, Jerónimo Valdés, Andrés Suárez Gallitano, Pedro de Vergara y Solórzano del Hoyo, reunió seis compañías de infantería española con unos 600 hombres, cuatro de naturales de las otras islas conquistadas con unas 400 plazas, incluyendo los 70 canarios de la parentela de don Fernando Guanarteme y ciento y pico de hombres, formando un total de 1.000 infantes y 125 jinetes, incluidos los jefes».

      «Lista la expedición y embarcados hombres, víveres, caballos y armas, en 15 bajeles se dio a la vela para Tenerife el viernes 30 de Abril a las 4 de la tarde».

El Tres de mayo de 1494, Fernández de Lugo arribó a Tenerife, y vino a tomar puerto en Añaza (aproximadamente a la altura de la desembocadura del barranco de Santos), y púsole nombre de Santa Cruz, por haber tomado el puerto en aquel día.

Tras duros combates y pactos con los habitantes de la Isla, las tropas conquistadoras sufrieron una dura derrota en la Batalla de Acentejo,tras la cual sobrevivieron solo 200 castellanos, lo que supuso todo un fracaso. Fue necesario reclutar nuevas fuerzas y medios para la creación de un ejército mucho más numeroso que pudiese enfrentarse a los guanches, y para conseguirlo, el Adelantado tuvo que vender el ingenio azucarero que tenía en Agaete, todos sus bienes propios y los de su mujer, e incluso solicitó y recibió una fuerte ayuda económica del Duque de Medina Sidonia y de otros poderosos de España; además Alonso debió vender los esclavos de los que se había hecho dueño en Gran Canaria y La Palma, por la aplicación del viejo código medieval, que le permitía apoderarse del ganado y de las personas capturadas por ser consideradas infieles y enemigas de la fe cristiana. 

En noviembre de 1495 las tropas conquistadoras logran una primera victoria en Gracia (La Laguna), seguida de la victoria que sobre los guanches lograra en el mes de enero de 1496 en lo que a partir de aquel día se conoció como La Victoria de Acentejo.

      El mencey Bencomo del valle de Taoro se adelantó haciendo señales de paz, abriendo los brazos en cruz y después cruzándolos sobre el pecho. Entonces Fernández de Lugo mandó a su encuentro a tres intérpretes. Puestos al habla preguntó el mencey qué intención traía el jefe de aquella tropa al invadir su tierra; a lo que contestó un intérprete que a procurar su amistad, a requerirles que se hicieran cristianos y que se sometieran al rey de España, quien los tomaría bajo su amparo y protección. A lo que Bencomo replicó que aceptaba la paz y la amistad a condición de que dejaran el país; que no sabían qué era ser cristianos, que se informarían y resolverían con mejor acuerdo; y que en cuanto de someterse a otro soberano..., había nacido rey, y rey moriría.

      Entre otros peleó ese día valentísimamente el rey de Taoro, porque con una alabarda, dicen se defendió de siete hombres de a caballo, y al cabo se escapó dentre ellos y se subió por la cuesta de San Roque. Mas aunque destos se escapó, no pudo escaparse de un fulano de Buendía, que sin conocerlo ni saber que era rey, aunque él en su lengua se lo decía ser, como no lo entendiese, no le valió su reinado, que le pasó con la lanza en un barranquillo estrecho, do quedó….

Tras vencer y dar muerte a Bencomo,el soberano de Taoro, cabeza del pueblo aborigen,en el que recaía la máxima autoridad insular en representación de los nueve menceyatos de la isla cuando se produjo el enfrentamiento en la batalla de La Laguna, el mando recayó en su hijo Bentor quien, frente a una más que evidente derrota, decidió suicidarse antes que caer cautivo en manos de sus enemigos, arrojándose al vacío desde las montañas del Realejo.

Los sucesos de la Conquista de Tenerife y la incorporación de estas tierras a la Corona se produjeron en un corto período de tiempo; el enfrentamiento entre ambos bandos duró sólo un par de años, puesto que en 1494 se iniciaron las hostilidades y el 25 de julio de 1496 se da por conquistada la Isla de Tenerife.

El 5 de noviembre de 1496, Los Reyes Católicos nombran a Fernández de Lugo Gobernador de Tenerife con atribuciones para impartir justicia.   

      “Don Fernando e doña Ysabel,... Por quanto en çierto asyento e capitulaçion que por nuestro mandado se tomo con vos, Alonso de Lugo, al tiempo que por nuestro mandado fuystes a conquistas a la ysla de Thenerifee, se contiene que acavada de ganar la dicha ysla vos haríamos merçed de la governaçion della en quanto nuestra merçed e voluntad fuese; e agora que a Nuestro Señor ha plazido que se ganase la dicha ysla de Thenerifee por vuestra mano e travajo, poniendo como pusistes vuestra persona a muchos peligros en la dicha conquista; lo qual por nos visto e acatado, e los muchos serviçios que de vos avemos resçebido e vuestra sufiçiençia e Idoneidad, thenemoos por bien e es nuestra merçed e voluntad que agora e de aqui adelante para en toda vuestra vida seades nuestro governador de la dicha ysla de Thenerifee, e tengades por nos e en nuestro nombre los ofiçios e justiçia e juridiçion çevil e criminal de la dicha ysla de Thenerifee, e vsedes de los dichos ofiçios por vos e por vuestros lugarestenientes, asy alcaldes como alguaciles, que es nuestra merçed que los dichos ofiçios podades poner e pongades; los quales podades quitar e admover e poner otro o otros en su lugar, cada que vos quisierdes e entendierdes que cunple a nuestro servicio e a esecuçion de nuestra justiçia; e oyades e librades todos e quelesquier pleitos ceviles e criminales que en la dicho ysla estan movidos e pendientes, e se començaren e movieren; e ayades e llevedes la quitaçion e todos los otros derechos al dicho ofiçio pertenecientes e que por razon del podades e avedes aver e llevar. E por esta nuestra carta mandamos a los Conçejos, cavalleros, regidores, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la ysla de Thenerifee que, juntos en sus Cavildos e Ajuntamientos, tomen e resçiban de vos el dicho Alonso de Lugo el juramento e solenidad que en tal caso se requiere; asy fecho, vos ayan e resçiban e tengan por nuestro governador de la dicha ysla, e usen con vos e con los dichos vuestros lugartenientes ofiçiales que vos en nuestro nombre reçibides en el dicho ofiçio e en todo lo a el conçerniente, e vos recudan e fagan recidir con la quitaçion e derechos e salarios anexos a pertenecientes; e que en ello ni en parte dello ynpedimiento alguno vos no pongan ni consyentan poner; etrosy, vos consientean e dexe hazer todas e queles e quales pesquisas e cosas en los casos de derecho prevystos; e otrosy que si vos vierdes que cunple a nuestro serviçio e esecuçion de nuestra justiçia qualesquier personas que en la dicha ysla estovieren o a ella vinieren salgan della e que no entren ni esten en ella, e que vos lo pongades mandar della e que no entren ni esten en ella, e que vos podades mandar e mandedes de nuestra parte, a las quales personas nos por la presente mandamos que dentro del termino e so la pena e penas que vos de nuestra parte les pusierdes, salgan della e no entren ni esten en ella, so las dichas penas; las quales podades esecutar en las personas e bienes de los rebeldes e ynobedientes fueren; e que para usar el dicho ofiçio e conplir e esecutar la dicha justiçia en los delinquentes, todos se junten e conformen con vos e vos den e fagan dar todo favor e ayuda que vos pipierdes e ovierdes menester; e que las penas en que condenardes vos o los dichos vuestros ofiçiales perteneçientes a nuestra Camara los pongades en poder de escrivano del Conçejo, para que los tenga de manifiesto e faga libro dellos, para fazer dellos lo que nos mandaremos. Para lo qual todo que dicho es e para cada cosa e parte dello fazer e cunplir e executar con todas sus ynçideçias e depençias, anexidades e conexidades, vos damos poder conplido por esta nuestra carta. E los unos ni los otros non fagades ni fagan ende al por alguna manera, so pena de la nuestra merçed e de diez mill maravedis para la nuestra Camara. Dada en la çiudad de Burgos a çinco dias del mes de noviembre año del nasçimiento de Nuestro Salvador Ihesu Christo de mill e quatrocientos e noventa e seys años. Yo el Rey. Yo la Reina”.

 

  • El reparto de tierras

Con la misma fecha anterior, la Corona expide Real Cédula otorgándole poder para que haga reparto de las tierras de la Isla entre aquellos colaboradores que contribuyeron al resultado de la conquista: 

      “Don Fernando e doña Ysabel, ... Por quanto al tiempo que vos Alonso de Lugo, nuestro governador de la ysla de Thenerifee, fuystes por nuestro mandado a conquistar la dicha ysla, se asento con vos, por nuestro mandado, que cavada de ganar la dicha ysla mandaríamos nonbrar una persona que junto con vos entendiese en el repartimiento de las tierras, casas e heredades que en la dicha ysla ay, para lo dar e repartir a las personas que a ella fuesen a poblar, lo qual repartiesedes segund que a vosotros bien visto fuese; e por que agora nuestra merçed e voluntad es que vos solo entendays en fazer e fagades el dicho repartimiento, por esta nuestra carta vos damos poder e facultad para que vos solo podays fazer e fagades el dicho repartimiento, segund que a vos bien visto fuere que se debe hazer para que la dicha ysla pueble. E por esta nuestra carta vos damos poder e facultad para ello, segund dicho es; e fazemos merçed a las personas a quien vos dierdes e repartierdes e señalar de qualesquier tierras e heredamientos de la dicha ysla de Tenerifee, e dello le dierdes vuestra carta, para que sea suyo e puedan fazer dello segund e como e de la forma e manera que los vos dierdes, e con las misma condiçiones. De lo qual vos mandamos dar la presente, firmado de nuestros nonbres e sellada con nuestro sello. Dada en la çiudad de Burgos a çinco dias del mes de nobiembre, año del nasçicimiento del Nuestro Salvador Ihesu Christo de mill e quatroçientos e noventa e seys años.  Yo el Rey. Yo la Reina”.

Así, el territorio insular pasó a convertirse en un botín de guerra que debía repartirse de acuerdo a lo establecido por la Corona, entre los colaboradores, banqueros, armadores que habían financiado la campaña, y los militares que la habían llevado a cabo. 

Como consecuencia del reparto de tierras que el adelantado Alonso Fernández de Lugo y de las Casas realizó, Lope Fernández de la Guerra recibió el extenso valle situado en la zona noreste de Tenerife, el cual pertenecía al Menceyato de Tacoronte, y cuyas tierras se le presentaban apropiadas para la siembra de viñedos, cereales y árboles frutales; tomó posesión del valle y le puso por  nombre el segundo apellido de su familia, el cual se ha conservado hasta la actualidad.

       Lope Fernández de la Reguera y Guerra, era natural de Santander y de la antigua casa solariega de Reguera, en la Villa de Cabezón de la Sal, montañas de Burgos… Sirvió en la conquista de las Islas Canarias, por lo cual S.M. lo armó caballero del orden de Calatrava; y en una de ellas que se llama Tenerife, le heredó, dándole en el repartimiento que hizo a sus capitanes, un valle, que él denominó de su apellido segundo, donde hasta hoy dura su posteridad, tan lustrosa como noble. Este caballero fue hijo de Sancho Fernández de la Reguera, Señor de esta Casa, y de su mujer, Doña Inés de la Guerra, hija legítima de Don Juan Guerra de la Vega, Señor de la casa de la Guerra y de su mujer Doña Catalina de Salazar. Lope Fernández casó con doña Elena Velázquez. No tuvo sucesión. Dexó por sucesores del Valle de Guerra a su sobrino Hernando Esteban Guerra, hijo de su primo-hermano Bartolomé Ioannes Guerra, y a Hernán Guerra, también su primo. Murió en 1512.     

Mientras el Imperio español se debatía entre la conquista de las tierras de Indias, y las luchas europeas con protestantes y turcos que amenazaban su imperio, la vida se desarrollaba en Canarias de forma vertiginosa para lo que era habitual en los estilos de vida de aquella época. La Laguna se había convertido en la capital administrativa de la isla y de todo el archipiélago, y el puerto de Garachico despachaba una gran actividad comercial, pues no en vano era el puerto más importante de Tenerife.

Hernán Guerra, heredero de la mitad del Valle de Guerra, era natural de Fuentes de León. Hijo de Rodrigo Álvarez y de Juana Fernández, participó en la conquista de Tenerife. Pasó a servir como escribano público en la isla, avecindándose en La Laguna, donde murió en 1543, habiendo tenido cinco hijos con su esposa Juana Fernández: Alonso Álvarez, Francisco Álvarez, Juan Guerra, Francisco Guerra, y Juana Fernández.

La otra mitad del Valle de Guerra fue heredada por Hernando Esteban Guerra de la Vega y Domínguez, quien se convertiría en el primer eslabón de una serie de enlaces familiares que protagonizarían la historia que motiva la realización de este trabajo. Casó con Juana de Martínez, de la que tuvo tres hijos: Hernando Esteban Guerra (del que se sucedería la descendencia que acabaría dando lugar a la fundación de la ermita del Rosario del Valle de Guerra), Juan Guerra, y Beatriz de la Guerra y Martínez, ésta última a su vez acabaría casándose con Alonso Vázquez de Nava I, del que nacería el regidor perpetuo de Tenerife Álvaro Vázquez de Nava y de la Guerra.

Efectivamente, Hernando Esteban Guerra casó con María de Castilla, teniendo tres hijos: Juan Guerra de Ayala, Andrés Peraza, e Inés de Castilla y Guerra, la fundadora de la ermita junto a su marido García Fernández de Valcárcel, matrimonio del que nacerían dos hijos: Alonso de Lugo (que murió joven), y Ana de Valcárcel y Lugo (heredera del Mayorazgo de la casa de Valcárcel) quien acabaría casándose con Esteban de LLarena.  

 

  • El Mayorazgo de los Señores de Nava en el Valle de Guerra

La Hija de Hernando Esteban Guerra y de Juana Martínez, Beatriz de la Guerra y Martínez, recibe parte del Valle de Guerra de su padre por dote, al casar en 1532 en La Laguna con Alonso Vázquez de Nava I, que procedía de Jerez de los Caballeros. Fruto de ese matrimonio fue la fundación de un Mayorazgo de las tierras del Valle de Guerra en 1539, lo que les garantizaba la perpetuidad de las propiedades entre sus herederos de acuerdo a las condiciones estipuladas en el dicho Mayorazgo.

Del matrimonio que dio paso al Mayorazgo del Valle de Guerra, nacería Álvaro Vázquez de Nava y de la Guerra, quien haría el número II del Señorío de Nava. Fue Regidor perpetuo de Tenerife en 1560. Casó con Juana de Carmenatis, y de esa unión nació Alonso Vázquez de Nava III y Carmenatis en 1570, cuando el Papa Pío V negociaba con España y Venecia la conveniencia de crear una liga fuerte para frenar al Imperio turco.

Alonso crecería corriendo por las propiedades que fueron de su abuelo también Alonso en el Valle de Guerra, y cursaría estudios en La Laguna. El cargo de Regidor que desempeñaba su padre, al igual que lo hacía en la isla de La Palma el capitán Francisco Díaz Pimienta, permitió al joven Alonso conocer de cerca las gestas del Capitán palmero de Lepanto. 

Corrían los primeros días de 1600. Las fiestas navideñas apenas acababan de celebrarse cuando el Señor de Nava III casó en La Laguna con Antonia de Grimón y Hemerando; el almanaque señalaba 10 de enero.

Don Alonso Vázquez de Nava disponía de un oratorio en su casa del Valle de Guerra que dotó en 1604. Con tal motivo solicitó a la autoridad eclesiástica la apertura del oratorio al vecindario, con la finalidad de que los varios centenares de campesinos que se habían desplazado desde otros pueblos de Tenerife a trabajar en las viñas del Valle, y que se quedaban a descansar en él los fines de semana, pudieran oír misas en domingos y festivos. Cabe deducir que esta petición no fue aceptada por el clero,  habida cuenta de que en la solicitud que en 1612 hace doña Inés de Castilla a las mismas autoridades para construir una ermita en su hacienda del Valle de Guerra, justifica su petición en que en aquel pago no había lugar destinado al culto para tantos vecinos temporales (unos 300) venidos en temporada de viña al Valle, junto a los 80 locales, aproximadamente. Podríamos preguntarnos si la ausencia de respuesta del clero al Señor de Nava podría estar justificada en algún trato derivado del matrimonio de doña Inés de Castilla con el capitán García Fernández de Valcárcel, y su posterior deseo de construcción de una ermita en el Valle de Guerra, como veremos más adelante.

 

  • El Mayorazgo de Fernández de Valcárcel

Hija de María de Castilla y Hernando Esteban Guerra de la Vega, Inés de Castilla casó en 1595 con el capitán García Fernández de Valcárcel y Lugo. Cinco años después su madre María asigna a su esposo una parcela de terreno en el Valle de Guerra, con el que funda el Mayorazgo de la Casa de Valcárcel. En 1612 proyecta junto a su marido la construcción de una casa en el Valle, en el sitio conocido como La Sepultura (donde actualmente se encuentra el Centro Ciudadano), junto a la que construirían una ermita bajo las advocaciones del Santo y Dulce Nombre de Jesús y de Nuestra Señora del Rosario del Valle de Guerra, obteniendo licencia de la autoridad eclesiástica, el 20 de marzo de 1615.

La advocación de la ermita a la Virgen del Rosario presumiblemente procede de la vinculación de doña Inés a la Orden de predicadores, en la figura de Fray Alonso de Lugo, a quien se sintió especialmente unida dada su alta estima y confianza, hasta el punto de que el dominico fue administrador de sus bienes y actuó de testigo en varias de sus escrituras, siendo además la persona asignada por el Visitador eclesiástico para que supervisara y autorizara la fundación de la ermita, destinada al uso vecinal para oír misas en domingos y festivos; llegando doña Inés a dictar en su declaración ante escribano cuando se sentía mayor y enferma, que deseaba ser enterrada en el convento de Santo Domingo de la Concepción de La Laguna.

Poco tiempo después el capitán García Fernández de Valcárcel pasó a Indias, donde desempeñó el cargo de Gobernador y Capitán General de la provincia española de Honduras, donde murió.

Tuvo dos hijos: Alonso de Lugo que moriría joven, y Ana de Valcárcel y Lugo, quien sería heredera del Mayorazgo de la Casa de Valcárcel, una vez que la herencia por línea masculina quedara sin efecto por la muerte de su hermano. Ana casó en 1624 con Esteban de LLarena.

 

  • La figura del capitán Díaz Pimienta y su influencia pro Librea

Entre los contactos que el Capitán Díaz Pimienta debió mantener como consecuencia del desempeño de sus cargos, eran frecuentes los de carácter militar, cuya cúpula de mando estaba establecida en La Laguna, con todo lo que ello suponía en la propagación de la heroica gesta de La Liga Santa, siendo tema de conversación en las reuniones que con frecuencia se celebraban en los diferentes círculos sociales de la ciudad de Aguere. Además, como Regidor Perpetuo de La Palma, se relacionaba con cierta frecuencia con el igualmente Regidor Perpetuo de Tenerife, Don Álvaro Vázquez de Nava II, tío de Inés de Castilla.

También Lucía, la hija de Díaz Pimienta, casó con el Alférez Mayor de La Palma y Alguacil de la Inquisición en Canarias, circunstancia que contribuyó a la propagación de las hazañas bélicas de su padre por el resto de las islas, y por tanto también en La Laguna y en el Valle de Guerra.

Pero los vínculos del Capitán con Tenerife no se limitaron al ámbito cívico-militar, sino que además los tuvo de tipo filial, ya que su hijo -también llamado Francisco-, nacido en 1594, estuvo viviendo en Garachico en casa de unos tíos “que lo criaron algunos años con amor y afecto de padres”, lo que a buen seguro -entendiendo la mentalidad de aquellos tiempos-, sirvió para que en todo Tenerife se hablara del Capitán Díaz Pimienta, de la Batalla de Lepanto, y de La Virgen del Rosario, a propósito del enorme trasiego de gente de todos los sitios que diariamente entraba y salía en Garachico, pues casi todo el tráfico marítimo con la isla se efectuaba desde su puerto, el más importante de Tenerife hasta 1706 con motivo de la erupción del volcán que sepultó el puerto y parte de la ciudad, pasando a desempeñar el papel de puerto principal el de Santa Cruz.

No es de extrañar pues, que tanto en La Laguna, como en el propio Valle de Guerra, la gente estuviese al corriente de los sucesos heroicos de Lepanto y de la intercesión atribuida a la Virgen del Rosario en la victoria, así como de la existencia de una ermita de la Virgen del Rosario en Barlovento –Isla de La Palma-, de las celebraciones de fiestas que en su honor le brindaban los soldados de las milicias, y de las noticias que llegaban de Sevilla rememorando las Suntuosas Fiestas de 1572 en honor a don Juan de Austria y sus héroes de Lepanto, por lo que habida cuenta del fervor religioso predominante en la época, es presumible que los vecinos del Valle de Guerra que acudían a la ermita a escuchar misa, participaran de las fiestas en honor de la Patrona del Rosario, admirados por las milagrosas y legendarias noticias que de la gesta de Lepanto les iba llegando.

De confirmarse esta circunstancia podríamos encontrarnos en una coincidencia de fechas por la que, el día que doña Inés de Castilla inauguraba la ermita de Nuestra Señora del Rosario del Valle de Guerra, pudiera haberse celebrado algún tipo de fiesta conmemorativa de los sucesos de Lepanto, dando lugar a lo que desde entonces se conoce como La Librea.